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Vista desde el aire, no es más que una emergente mancha oscura rodeada de otras más pequeñas, alargadas o redondeadas, festoneadas de espuma y arena blanca sobre un mar cristalino y refulgente. Y mientras fuera del contorno el océano se mantiene con ese azul oscuro de las aguas abismales, dentro de la laguna, protegida por la barrera de coral que la bordea, el agua se vuelve azul turquesa clara y transparente.

Además del aislamiento propio de una isla, había soledad en Bora Bora, una soledad presente de forma física, algo más que un sentimiento. Resultaba imposible imaginársela ocupada por batallones de soldados expectantes, preparados para cualquier ataque; parece inconcebible que alguien pudiera atacar un lugar tan apacible, la Perla del Pacífico como la llamaban los marines; un sitio así no puede ser destruido. Pero la guerra es ciega para todo, también para la belleza. Y bombardeada Pearl Harbour cualquier cosa podía esperarse del enemigo. Afortunadamente, no sucedió.

Aunque en tiempos de paz haya más espacio para la complacencia, la celeridad con que el hombre avanza en el conocimiento y en la técnica le vuelve ciego e insensible a causas “menores” llegando a ser capaz de soltar una mortífera carga de megatones en el corazón del Pacífico. Eso sí ocurrió. Y pasó por alto la paradisíaca belleza de sus islas para siempre injuriada. Algo que resulta  incomprensible de un país como Francia, amante impenitente de la belleza se encuentre donde se encuentre.

Aterrizamos al norte de la isla en Mute, un islote (allí dicen motu) ocupado íntegramente por el aeródromo. En su embarcadero nos esperaba una pequeña lancha a motor para llevarnos al motu Tevairoa donde se encontraba nuestro hotel, el Pearl Resort.

En el centro de la laguna, asomada al cielo de forma irregular por sus dos montes más altos, el Pahia de 661 metros y el Otemanu con 727 metros, se encuentra la isla principal, la más grande de Bora Bora, 9 km de largo y 4 de ancho. Rodeada de motus pegados a la barrera de coral en los que se ubican los mejores hoteles con cabañas sobre el agua, en ella se hallan los pueblos más importantes y la capital, Vaitape, una pequeña población costera de casas bajas.

 

Guiados únicamente por el sol y las estrellas, pobladores del sudeste asiático, hombres y mujeres, arribaron hace 3500 años a Nueva Guinea y a las islas de Micronesia. Eso sí era fácil de imaginar: los primeros pobladores descubriendo las islas, refugiándose en sus lagunas al abrigo de tempestades, adentrándose en una naturaleza de generosidad inagotable... Decidieron quedarse para siempre.

 Y más adelante, en canoas de madera empujadas por velas de pandano en las que transportaban animales y plantas, colonizaron Fiji, Tonga y Samoa. Y entre los años 300 y 600 d.C. nuevos inmigrantes poblaron las Marquesas, pasando de allí a colonizar Tahiti y sus islas. Después vendrían Hawai, Isla de Pascua y la última, hacia el año 1000, Nueva Zelanda.

Antiguamente, la sociedad polinesia estaba estructurada en pirámide, basaba sus creencias en el animismo y rendía culto a sus antepasados. En la cima de la pirámide y protegida por los poderes sagrados Tapu y Manu que legitimaban su estatus,  se encontraba la aristocracia, Raatira, y en algunos casos, y por encima de ella, la realeza, Arii. Los sacerdotes o Tohungas ocupaban una posición destacada y sus cargos eran hereditarios. Por debajo se encontraba la gente común, Manahune, de donde se tomaban los individuos que servirían de víctimas en los sacrificios humanos; una clase aparte era la de actores y comediantes, Ariori, que no podían tener hijos y entre los que estaba muy difundido el infanticidio.

 La vida de los maories, o mao’hi, como se llamaban a sí mismos, estaba presidida por el respeto a los dioses, buenos y malos, que representaban mediante estatuas de piedra o madera llamadas tikis. El marae, cuyas piedras e incluso los árboles que lo rodeaban eran sagradas, no sólo era el lugar de culto a los dioses sino, también, el centro de reunión donde se celebraban consejos, bodas y entierros. Al norte de la isla de Huahine se sitúa la mayor concentración de maraes de la Polinesia francesa, sin embargo, para fundar uno nuevo debía de ponerse una piedra procedente de Taputapuatea, en Raiatea, el más grande e importante.

Todo cambiaría a partir de 1797, año en que llegaron a Tahiti los misioneros de la London Misionary. Con su apoyo, el rey Pomare II se hizo con el control de las islas y, abandonando la religión primitiva, se convirtió al cristianismo.

El primer europeo en acercarse a las islas fue el explorador español Alvaro de Mendaña que descubrió las Marquesas en 1595. Las Tuamotu fueron descubiertas en 1616 por el holandés Le Maire.

Enfermo de escorbuto, al igual que una parte de su tripulación, el inglés Wallis llegó a Tahiti en 1767 a bordo del navío Dolphin. No se entendió con los nativos y descargó los cañones contra ellos. Tomó la isla en nombre del rey Jorge de Inglaterra.  Un año después, llegaba el francés Bouganville que no tuvo ningún problema y reclamó la isla para Francia. Pero fue James Cook quien después de tres viajes al Pacífico entre 1719 y 1779, lo dejó completamente explorado y cartografiado.

Con sólo 14 años, Pomare IV, hija del rey Pomare II  y hermana de Pomare III, subió al poder a la muerte de éste en 1827. Reinó durante 50 años. Los europeos de la isla recriminaban a Pomare IV vestir igual de sencilla que las demás mujeres de su séquito y  no hacer uso del boato que debía acompañar a una reina. Les hizo caso para no contrariarlos, pero en los asuntos importantes, en lo que concernía a su pueblo, demostró su habilidad no casándose con nadie, eludiendo compromisos con franceses e ingleses. Actuando con sabiduría, consiguió unir Bora Bora a sus dominios de Raiatea. Pero durante el reinado de su hijo, Pomare V, Francia consiguió anexionarse Tahiti y sus islas entrando así a formar parte del territorio francés de ultramar, la Polinesia francesa.

Mientras disfrutaba de su incomparable belleza, pude apreciar la discreción con que Bora Bora lucía el inconfundible sello francés del savoir faire.

 


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 36. Nadando con tiburones y rayas en Bora Bora

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MAPA DE BORA BORA(pinchar aquí)

 

 

 

Tag(s) : #Histórico

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