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Otro wihan: una imagen de Buda no muy grande pero muy llamativa, la del Buda de la Serpiente de Siete Cabezas. Está en la postura de Iluminación: las piernas plegadas en “posición de loto” (palma de la mano izquierda descansando hacia arriba sobre el regazo, la derecha sobre la rodilla con la palma hacia abajo y los dedos hacia la tierra). Lo llamativo de la estatua es la serpiente sobre la que se encuentra el Buda: una naga enroscada de esmalte verde brillante y escamas doradas, con sus siete cabezas enhiestas por detrás de la cabeza del Buda en actitud protectora.

Y, en la otra orilla del Chao Phraya, frente al Wat Pho, se alza un monumento impresionante: Wat Arum. Construido en estilo kemer, está recubierto de piezas rotas de porcelana. Ampliado por el rey de Siam, Phra Chao Tak, para albergar en él el Buda Esmeralda, y más tarde por sus sucesores Rama I y Rama II, fue con Rama IV cuando se decoraron los prangs (torres con forma de mazorca) con porcelana. El prang central de 67 m. de alto simboliza la morada de los dioses: el monte Meru, situado en el centro de la Tierra. A su alrededor, están los prangs secundarios (tradición del mandala, del círculo dentro del cuadrado, que es la casa de dios). Por el exterior del prang principal, se elevan  unas escaleras hasta la terraza superior, en la mitad de la torre.

Un templo más: el Wat Benchamabophit también conocido como Templo de Mármol. Juan sacó el móvil y habló con el chofer; nos vendría a recoger allí mismo. Mientras esperábamos su llegada, nos contó la historia del templo:

-El templo que vamos a ver recibe el nombre de Templo de Mármol porque ése fue el material utilizado en su construcción: la fachada del bot y las columnas, que serían dóricas si no fuera por los ricos capiteles dorados de marcado estilo tailandés, son de mármol de Carrara. Fue mandado construir por el rey Rama V, el que abolió la esclavitud y consiguió el reconocimiento de independencia por parte de Francia y Gran Bretaña. -Con gesto de satisfacción y orgullo, Juan añadió-: Tailandia siempre fue independiente pero esos países no lo reconocían.

Al llegar al templo, nos cruzamos con un monje arrastrando un trolley, y con un grupo de monjes jóvenes avanzando a grandes zancadas, la cabeza rapada y la mirada baja. Calzaban sandalias abiertas y estaban muy delgados; las túnicas naranja de tela fina se movían con el aire como banderas en el mástil.

Si se quieren ver imágenes de Buda, éste es el lugar, el tranquilo y solitario claustro del elegante Wat Benchamabophit. Las hay en todas las posturas y tamaños, son las 53 estatuas de Buda que el rey Rama V mandó traer. De tamaño natural, distintas unas de otras y en diversas posiciones –asanas-, de pié o sentadas. Pero es, sin duda, la del Buda Caminante la más chocante. Del s XIV, representa a un Buda de pié con formas femeninas: talle fino, caderas sinuosas y muslos redondeados. Al margen de lo insólito que puede parecer la feminidad de la escultura (años después contemplé imágenes femeninas de Buda en Vietnam y en China), el paso elástico y el brazo caído iniciando un elegante balanceo, hacen pensar en la obra de un artista inspirado.

-Por hoy es suficiente –dijo Alonso con aspecto cansado.

Estaba de acuerdo. Llevábamos todo el día viendo templos.

-Como quieran –Juan sonrió comprensivo-. Les conviene descansar, mañana salimos muy temprano y será un día largo.

Antes de ir al hotel nos llevó a ver una exposición de joyas. El local era inmenso, con un batallón de dependientas (atienden al visitante en su propio idioma). Me quedé pasmada al ver la cantidad de piedras preciosas que había allí reunidas: rubíes de todos los tamaños y calidades, sueltos o montados, en joyas sencillas o formando parte de importantes piezas; zafiros en todas las tonalidades imaginables, aguamarinas, topacios gigantescos; y las famosas perlas negras de Phuket, preciosas como las de Tahití pero no tan caras.

-En Tailandia se comercia más del 70% de la producción mundial de rubíes –nos informó Juan; y a modo de consejo añadió-: éste es el mejor sitio para comprarlos por el color y la talla.

Era verdad.

-Color sangre de pichón -apuntilló Alonso-, el más preciado.

 

Al llegar al hotel todavía quedaban algunas horas de día. Dimos una vuelta por las tiendas de la planta baja, exponían joyas con piedras preciosas de bonitos diseños, algunos muy vanguardistas. Pero sus precios, más altos que en Gems Gallery, eran similares a los de Occidente.

14. La Música, sublimadora de sentimientos


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Tag(s) : #Mercados y joyas

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