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Siria (Apamea, Ciudades Muertas...)2

Serjilla es una interesante ciudad cristiana abandonada, vestigio de la prosperidad alcanzada por la provincia de Siria durante los imperios romano y bizantino. Pero no lo es menos que otras muchas ciudades conocidas bajo el nombre de Ciudades Muertas. Levantada en mitad de un desierto pedregoso, sólo conserva en pie los muros de algunas casas e iglesias y, en su necrópolis, las tumbas hipogeas aparecen abiertas, con las losas a un lado, como si sus residentes hubiesen huido en pos de los vivos cuando abandonaron sus casas.

Parece comprensible, a la vista del paisaje, cuyo tapizado de piedras no permite asomar una brizna de hierba, que sus habitantes terminaran por abandonarla. Hasta el horizonte no se ve más que cielo y piedra: piedras blancuzcas y redondeadas, de superficie mate y lisa, porosa como la piedra pómez; piedras sueltas formando montículos sobre suelo de roca o cubriendo la tierra como un sembrado de pálidos melones; también sus colinas son de piedra ¿acaso fue un castigo divino como las plagas de Egipto? Sólo un cuadrilátero de menos de una hectárea, cuyas piedras alguien había apartado formando alrededor un muro, se veía libre de semejante plaga. Y en ella, arrastrando la chilaba, doblado sobre sí mismo, un árabe paciente labraba con mimo la tierra, negra y esponjosa, que ahora respiraba prometedora. ¿Qué valor tendría para él cada pequeña planta que allí brotase? ¿Cuánto pagarían por ella aquellos que no tenían la menor idea de su esfuerzo? Pero si siempre había sido así,  ¿qué razón tuvieron los habitantes de ciudades como Serjilla para levantar esas casas de sólidos muros, capaces de lidiar asaltos, terremotos o vómitos pedregosos de las entrañas volcánicas de la tierra siria? Me hacía esas preguntas mientras escuchaba a Ahmehd hablar del contexto histórico de las ciudades cristianas sirias durante el Imperio Bizantino; ahora, esperpénticas Ciudades Muertas:

-Siria junto con Egipto eran las provincias más prósperas del Imperio Romano, y lo siguieron siendo bajo el Imperio Bizantino; al menos entre los siglos IV y VI. Algunos historiadores marcan el inicio del Imperio Bizantino en el año 330, cuando el emperador Constantino proclamó Bizancio, a la que luego llamaron Constantinopla, como nueva capital del Imperio Romano. Pero otros, sin embargo,  lo sitúan a la muerte de Teodosio el Grande, en 395, cuando, al dividirse el Imperio Romano en dos partes, una para cada uno de sus hijos, la oriental se convirtió en el Imperio Bizantino.

<<El cristianismo se propagó a toda Siria con la traducción al siríaco de los Libros Sagrados: Constantino había adoptado la religión cristiana. Luego, el emperador Teodosio la impuso como religión oficial a todo el Imperio. En ese tiempo, a raíz del concilio de Nicea en que se reconocía en Cristo el doble carácter de Dios y hombre, hubo un patriarca sirio, Nestorio, que mantenía la tesis de la separación de los dos aspectos: El verbo se unía al hombre sin modificarlo –había yuxtaposición más que unión-. En contra de esa tesis, los monofisitas insistían en la naturaleza divina.>>

-Cuando era estudiante tuve que memorizar todos los concilios –le interrumpió Alonso-. Recuerdo que en el 431 el nestorianismo fue condenado en el concilio de Efeso. Y después, en el de Calcedonia, declararon hereje a la iglesia monofisita.

-Que era la iglesia más extendida en Siria… –comentó Ahmehd. Como se había quedado algo chafado quiso ahondar en el tema-: Tenían que condenar las dos tesis ¿Sabe por qué?

-Ya te dije, Ahmehd, que aprendí los concilios de memoria –rió Alonso pero quedó pensativo-. Aunque, a veces, razonábamos hasta lo irrazonable. Efectivamente, tenían que condenar las dos tesis porque aunque afirmaban cosas contrarias las dos herejías ponían en cuestión la base del cristianismo, la Redención. –Lo escuchaba boquiabierta. Como él, yo también había estudiado los Concilios (obligatorio en el bachillerato de la época) pero no recordaba nada y menos ese tipo de detalles; importantes detales, por otro lado- Si como afirmaban los monofisitas Jesucristo es ante todo Dios, entonces no habría sufrido pasión y muerte en la cruz, y no habría redención. Y si es ante todo hombre, como afirmaban los nestorianos, no podría redimir a todo el género humano.

Me quedé pensando en mis propias creencias... Cuestión de  fe, supongo.

El sol se hallaba ya en lo alto y reverberaba en los muros en pie de los edificios y en las piedras tiradas por el suelo; de todas partes adonde mirara, parecían saltar chiribitas haciendo del paseo por las ruinas de Serjilla una especie de calvario. Les pedí dar la vuelta. Khaled esperaba en el aparcamiento con las puertas del vehículo abiertas. Hacía calor dentro. Seguramente era buen profesor de inglés pero como conductor los había conocido mejores: además de no mantener limpia la furgoneta, se había olvidado de reponer las botellas de agua de la pequeña nevera y lo, que era peor (pronto lo descubriríamos), no había rellenado el tanque de combustible.

La carretera serpenteaba por entre sembrados de piedras y sin la menor muestra de vida hasta perderse en el horizonte, que aparecía ondulado suavemente por pequeñas colinas blanquecinas. Ahmehd retomó la historia en donde la había dejado:

-Como otras ciudades cristianas, Serjilla sufrió, durante años, las consecuencias de las guerras entre persas y bizantinos: éstos querían aprovechar la ruta de la seda para conquistar los territorios entre el mar Caspio y el mar Negro. Y los persas sasánidas, que controlaban la ruta hacia Extremo Oriente a través de Mesopotamia y el Golfo Pérsico, buscaban extenderse hacia el Mediterráneo. Así, la próspera provincia siria pasaba del Imperio Bizantino al Imperio Persa y viceversa según quien ganase las batallas de la penúltima guerra: Permaneció bizantina cuando Belisario, comandante del ejército del emperador Justiniano, detuvo a Cosroes I, rey de los persas, en su afán por tomar Antioquia y llegar al Mediterráneo. Pero sufrió la avaricia del sasánida cuando éste, rompiendo la “paz eterna”, invadió Siria y capturó Antioquia; de vuelta a Irán saqueó las ciudades bizantinas que encontraba a su paso. Le llamaban el Gran Rey. Cuando después de ser condenados en el concilio de Éfeso los nestorianos fueron expulsados del Imperio Bizantino, los acogió en Irán igual que había hecho con los judíos.

Ahmehd se interrumpió bruscamente cuando miró el salpicadero: la aguja que marca el combustible se hallaba en zona de reserva. Con tono áspero interrogó a Khaled en árabe. Sin disimular su enfado pero sin hacer referencia a lo que estaba sucediendo, con voz atropellada, retomó el relato que le había ocupado toda la mañana; quería terminar cuanto antes, a ser posible, sin interrupciones

-Años después, su nieto, Cosroes II, volvió a la carga: Tras cruentas y largas batallas tomó Siria, Palestina y Jerusalén, ciudad donde se apoderó de la Vera Cruz, la reliquia más importante para los cristianos. Hubo una nueva batalla y Siria volvió al seno del Imperio Bizantino; y la Vera Cruz a su lugar de origen. Corroes fue vencido definitivamente por el nuevo basileus y genial estratega, Heraclio. Esta vez, vencidos los persas, fue la aparición del profeta Mahoma y el poder musulmán quienes se hicieron con Siria, Palestina y Egipto. Y el mapa de Oriente Medio cambió definitivamente al marcar el Islam el principio del fin del poder bizantino.

Ahmehd y Khaled respiraron aliviados cuando divisaron, junto a la carretera, un par de surtidores delante de una casa. Al acercarnos, dos pequeños asomaron a la puerta de la vivienda agitando los brazos, negando con las manos: la gasolinera estaba cerrada, no había combustible. Seguimos la misma carretera y después de recorrer varios kilómetros se repitiría una escena similar en otra gasolinera. <<Es normal aquí –afirmó Ahmehd-. Las gasolineras se quedan sin combustible>>. Estábamos en pleno desierto y en todo ese tiempo no nos habíamos cruzado con ningún otro vehículo. Khaled dejó la carretera y tomó un desvío a la izquierda, una carretera vecinal. En las bajadas apagaba el motor. Ambos intentaban aparentar calma, nos dirigían sonrisitas nerviosas y no dejaban de discutir: Hacía calor, no teníamos agua, estábamos sin gasolina y nos alejábamos cada vez más de nuestro itinerario; además, no sabían adónde conducía aquella carretera ni si encontraríamos combustible en algún lugar. Encendieron sus teléfonos móviles pero fue inútil, no había cobertura.

Ninguno de los dos disimulaba ya su nerviosismo.

Fui la primera en verla, a mi izquierda, apenas visible entre la marea de piedra blancuzca, la cúspide de un minarete ¿qué otra cosa podía ser?. Khaled tomó el primer camino que apuntaba hacia ella.

Debía ser un día de mercado, o de fiesta, dada la cantidad de gente que se hallaba reunida en la plaza. Todos hombres, en grupos, hablando; los chiquillos y alguna mujer pasaban presurosos. Era una aldea pequeña y claro ¡no había gasolinera! Khaled estaba desesperado, no sabía qué hacer, se dirigió a un grupo de hombres a pedir ayuda. Mientras escuchaba sus indicaciones que lo dirigían hacia una casa en una calle cercana, Ahmehd nos trajo agua.

A Khaled se le saltaban las lágrimas de impotencia cuando después de hablar con el hombre cuyas señas le habían dado en la plaza, éste dio media vuelta y desapareció en el interior de su casa. Era  un hombre alto y de complexión fuerte, rubio y de ojos claros como los chiquillos que lo habían rodeado mientras hablaba con Khaled. Los pequeños miraban al interior de la furgoneta con curiosidad, serios al principio y riendo abiertamente cuando les sonreímos. En la plaza había visto niños rubios de ojos claros como éstos. Al rato, con gran alivio de Khaled, volvió el hombre rubio con un un bidón de gasolina en la mano.

 -Muchos de los habitantes de esa zona descienden de antiguos cruzados afincados en estas tierras–comentó Ahmehd al ver los pequeños decirnos adiós con la mano mientras nos alejábamos en la furgoneta-. Cuando Saladino consiguió extender el Islam por todo Oriente Medio, permitió quedarse a algunos cruzados sin obligarles a renegar de su fe cristiana; incluso les pidió que se quedaran.

Siria (Apamea, Ciudades Muertas...)1 

12. El magnetismo del Cardo máximo de Apamea.

Tag(s) : #Desiertos

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