-Aunque en principio el agua del río podría ser usada como excelente depilatorio, tiene severas contraindicaciones como la de quemar la piel donde se encuentre el vello (su Ph está entre 1,7 y 2,7)... En realidad, su característica más llamativa consiste en acabar con cuanta planta se encuentra en su camino.
Las palabras del guía podían parecer exageradas pero bastó una primera mirada al río para darse cuenta de que no se alejaba ni un ápice de la realidad.



Dimos un paseo en tren por las antiguas vías que, parlelas al río, habían construído los británicos para llevar el mineral (pirita, sulfuros, oro, plata, cobre...) extraído en las minas de Riotinto al puerto de Huelva y de allí a Inglaterra.

Ni una sola planta permanece viva a orillas del río, sólo los árboles y arbustos, a salvo de sus crecidas, de sus ácidas aguas del color de las granadas, dan verdor a este paisaje marciano.

-El hecho de que no haya vida vegetal o animal en su entorno, no significa que no exista vida en el río. No en forma de peces, pero sí hay algunos seres vivos que se alimentan de los minerales pesados que hay en el rio, formados en el fondo del mar hace 350 millones de años, a base sobre todo de hierro. Son precisamente ellos los responsables de que adopte este color: hay microorganismos que viven de la oxidación del ión ferroso de la pirita a férrico. El ecosistema de río Tinto no es debida a la contaminación de la mineria, sino que es una forma de vida cientos de miles de años antes de que se ejerciera esa actividad.


Era éste un descubrimiento que a muchos nos cogió por sorpresa pero que a su vez explicaba el interés de la NASA por esta tierra de caracteríasticas similares a las que se encontraron en amplias zonas del planeta Marte: si en este medio hinóspito hay seres vivos, es posible que en el planeta rojo exista también un modo similar de vida.

-Ahora visitaremos una de las casas que la compañía minera británica, concesionaria de las minas de Riotinto en el s. XIX, construyó para sus empleados en una zona separada del pueblo.
Las palabras del guía me dejaron perpleja, no imaginaba que el patético rastro del apartheid británico hubiese alcanzado a mi país. Sin embargo, ahí estaba, un barrio exclusivo de casas victorianas de dos o tres pisos, bien distintas de las casas bajas de los lugareños, en un lugar llamado Bellavista a prudente distancia del pueblo; y, por supuesto, con un club inglés. Esta compañía minera, haciendo uso de los derechos que le concedió la Primera República con la venta no sólo del subsuelo sino tmbién del suelo, del aire y tierras de alrededor, actuó como en una de sus colonias. Esto no quiere decir que los inmigrantes británicos no hayan dejado algo positivo: el club de fútbol más antiguo de España es el Recreativo de Huelva.
Pero la historia de las minas de Riotinto va mucho más allá.

Un recorrido por los túneles de una mina abandonada, una de tantas de esta mina a cielo abierto, la mayor de Europa, te acerca en cierto modo al sentir de los mineros. Aunque uno no sea capaz de imaginar las condiciones de trabajo en tiempos de los romanos, con mineros que no eran tal, sino esclavos o condenados a muerte que apenas duraban año o año y medio, es posible hacerse una idea de las dificultades añadidas viendo las llamadas "ruedas de sangre", norias con las que tenían que desaguar el agua ácida de las galerías para evitar su inundación.

Y con un enriquecedor paseo por el Museo Minero de Riotinto concluyó el penúltimo día de esta escapada andaluza.
