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             Desde la cima de la colina, en Victoria Peak, la vista de Hong Kong es fascinante. Ante la visión del abigarrado florecimiento de sus rascacielos, se tiene la sensación de estar constatando un hecho, la materialización urbanística y social de la expansión de las dos caras del capital: Un capital humano, el de los laboriosos hombres y mujeres chinos, que se expansiona y manifiesta elevándose hacia el cielo como natural consecuencia del orgullo y la soberbia del que se hace a sí mismo. Y el otro capital, el que permanece en los bancos y en el aire que respiran los altos ejecutivos y magnates y que mueve los hilos de la economía global.


El universo de acero y cristal, expresión arquitectónica del poder financiero de Hong-Kong, parece apiñarse en torno al arrogante Banco de China, apuntando hacia lo alto como un sable desenvainado. El banco estatal aparece desafiante frente a todos los que le rodean. Su vecino, el Banco de Inglaterra, lejos de amilanarse, remata su pesada estructura con un par de simulados y fanfarrones cañones sobre el último piso. Es tentador buscar en los dos rascacielos enfrentados un valor simbólico, el de la actitud mantenida entre ambos países durante los dos últimos siglos: El arte chino del sable frente a la contundente razón de los cañones ingleses.

Vista desde arriba, la Isla de Hong Kong se asemeja a un acerico repleto de agujas largas y brillantes, a cada cual más sólida y eficiente, flotando en un mar plateado.

-Nada de todo esto hubiese sido posible con él.

Sonia se refería, naturalmente, a Mao Zedong. Lo decía sonriente y satisfecha, con un gesto de alivio. Ni ella ni su hermano habían experimentado en carne propia las consecuencias de la Revolución Cultural. En la colonia británica habían vivido al margen de las radicales decisiones tomadas en la China continental. Sonia se consideraba más británica que china.

Le dimos la razón: El número de rascacielos por metro cuadrado era mayor allí que en ninguna otra parte del mundo, incluida Manhattan. Y de noche, al iluminarse, mucho más atractivos que la apagada y oscura ciudad de New York.

-La gran mayoría de los rascacielos fueron construidos utilizando la última tecnología sobre tifones. Cuando el tifón del Mar de China se cierne sobre la Isla, puede verse el cimbreo de los últimos pisos. –Ante nuestras muestras de asombro, insistió-: ¡Sí, sí, los rascacielos se cimbrean! Muchos que lo han visto no terminan de creerlo. Lo achacan a que, ese día, se habían pasado de cervezas ¡Ja, ja!


8. No hay mal que por bien no venga: un día de tiendas en Hong Kong

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Tag(s) : #Arquitectónico

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