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Nos costó un tiempo acostumbrarnos a aquella incómoda posición: sentados sobre
cojines colocados en el fondo de una especie de foso, encajonados entre el respaldo rígido de un maun sam liam y la parte delantera de una mesa que recorría la sala de un extremo a otro. Al principio no sabía cómo colocar las piernas, pues a lo indio sólo aguanté cinco minutos, más tarde me las arreglé para tenerlas estiradas todo el tiempo; no teníamos a nadie enfrente, todos estábamos situados a un solo lado de la mesa, de cara al escenario. Como la parte superior de las mesas estaba al mismo nivel que la zona de paso, los camareros servían en cuclillas o totalmente arrodillados. El menú estaba compuesto por platos de la auténtica cocina tradicional tai maravillosamente decorados:

-Khanom Teeb Thai: Bollos rellenos de pollo al vapor con hierbas y cacahuete desmenuzado.

-Som Tam Polamai: Ensalada de gambas con especias y fruta fresca.

-Tom Kha Ghoong Nang: Sopa de langostinos a las hierbas en leche de coco.

-Panaeng Ped Gub Linchee: Pato cremoso en salsa de curry aderezado con lichys.

-Moo Sannog Ob Gathiem Prig Thai: Lomo de cerdo asado con salsa de ajo y pimienta.

-Phad Phag: Verduras salteadas con salsa de ostras.

-Khow Hommali: Arroz cocido al vapor con fragancia de jazmín.

-Polamai gub Khanom thai: Frutas tropicales frescas talladas y dulces típicos tailandeses.

Todo era exquisito: la sopa de textura cremosa estaba deliciosa, el pato al curry  muy sabroso y suave y en cantidades justas; en general, todos los platos eran muy apetitosos con esmeradas y refinadas decoraciones. A mi izquierda, una joven turista comía con avidez la flor de loto que tenía en el plato, tragaba los duros pétalos de color morado como si de una hamburguesa se tratara y estuviera acostumbrada de toda la vida. Pregunté al camarero por la que, solitaria, permanecía en mi plato.

-La flor no se come, está sólo para decorar. Ahora la gente cree que todo lo que está en el plato es para comer -añadió mirando de reojo a la joven que había dejado el plato limpio como una patena- y no es así, en la comida tailandesa usamos muchas flores sólo como decoración y no todas son comestibles.




La intensidad de las luces fue disminuyendo hasta quedar la sala en semipenumbra, sólo el escenario permanecía iluminado. Un grupo de músicos comenzó a interpretar piezas de música antigua tailandesa. Tocaban arcaicos instrumentos de percusión y de cuerda: el ranat ek  que es un xilofón, el klong-kack y el taphon que son como tambores, el ching es una doble campanilla, el knong-wong-yai compuesto por un aro con pequeños gongs y el Saw-duang, saw-au y ja-kae que son instrumentos de cuerda.

El espectáculo comenzó con retazos de danzas populares y culminó con la parte

más vistosa, la versión tailandesa del Ramayana -poema épico indio del s. III a.C. sobre el rey Rama-, el Ramakien. En esta puesta en escena khon, los monos blancos y los demonios portan llamativas máscaras de colores, mientras que Rama y los demás héroes van con la cara descubierta luciendo doradas y picudas coronas. Toda la trama se desenvuelve a través de danzas y gestos con el cuerpo:

Rama, heredero del reino de Ayodhya (actual Oudh), es exiliado a la selva por una intriga palaciega. Su esposa Sita, que lo acompaña, es raptada por el demonio Tosakant, rey de Lonka –la actual Ceilán-. Rama se alía con el rey de los monos blancos y tras lanzar un puente sobre el mar invade la isla y mata, en terrible batalla, al rey de los demonios Tosakant (el triunfo del Bien sobre el Mal). Su amigo, el rey Jakrawad de Maliwan, al enterarse de su muerte, marcha furioso al frente de su ejército para tomar Longka. Rama llama a sus hermanos, los príncipes Phrot y Satrud, para luchar contra él. El rey de los monos blancos ofrece su ayuda a los hermanos y forman una alianza con otros dos reyes monos con los que ponen sitio a Lonka. Rama, victorioso, nombra rey de Lonka al hermano del derrotado Tosakant, que lo había desterrado. Sin embargo algo viene a empañar la alegría por haber vencido: Sita es repudiada por el príncipe Rama por haber vivido en casa de otro hombre, su secuestrador. La divina princesa Sita, muerta de dolor, se arroja al fuego de la hoguera que ella misma mandó encender. Pero el fuego respeta su inocencia y sale ilesa de entre las llamas. Rama, arrepentido por dudar de la virtud de su esposa, la acepta y vuelven juntos a Ayodhya para ser nombrado rey.

 5. Primera impresión
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Platos tradicionales thai

Tag(s) : #Gastronómico

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