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Isla de Pascua10 (2)

Caldera del Volcán Rano Kau

 

Una buena parte del polvo de la calle había ido a depositarse en el interior del taxi, así que me alegré cuando vi a Claudia llegar en su impecable utilitario rojo. Acudió a recogernos al hotel para una visita privada a la aldea ceremonial de Orongo situada en la orilla del cráter del volcán Rano Kau al sur de la isla.

Era un paraje solitario de brillantes pastos dorados cruzados por estrechos caminos de tierra que, aparentemente, no conducían a ninguna parte. A un lado, hasta la altura de un hombre, se alzaban los muros redondeados de lascas de piedra de las casas-bote, o hare-paenga, reconstruidas, cubiertas por techos de hierba como antiguamente. El aire, que en la cima del volcán era de un azul limpio y transparente, se abrumaba al arrimo de los acantilados marinos agrisando el mar entre la Isla y sus vecinas Motu Nui y Motu Iti. Y hacia allí, hacia esos islotes, miraban aquellas casas vacías durante todo el año hasta llegar la primavera en que se llenaban de voces y de ritos, de cantos, de danzas y de plegarias; y de ojos cargados de ansiedad. Durante semanas, hombres y sacerdotes atrapados en la lucha por el poder, aguardaban anhelantes y medrosos el resultado de la competición político-religiosa del año, el Manutara.

 Entre las piedras de las casas y aquellas otras más negras que, vomitadas por el volcán, descansaban en la tierra al borde del precipicio, se leía, en grabados alegóricos o en pinturas, la historia de los hombres y sus dioses a lo largo de dos siglos. Habían sido dos siglos de paz (aunque fuese aquella la paz impuesta por un largo período de hambre y guerras). Dos siglos de historia recelosa y abrupta, llena de rencores, dura y competitiva, como la de los enemigos obligados a entenderse; pero un período de paz al fin y al cabo.

Esa paz necesaria les condujo a un nuevo dios, el dios Make Make, el de la fertilidad y la primavera. La nueva religión abandonó el culto a los ancestros,  y las guerras fueron sustituidas por el Manutara, la competición que rendía culto al Tangata Manu, u Hombre Pájaro, aquél que consiguiera el primer huevo del manutara.

Y los ojos de los hombres enrojecían de mirar fijo a Motu Nui,  aquel islote enrocado, olvidado el resto del año, que en primavera se cubría del velo mágico de bandadas de aves migratorias que lo habían escogido para hacer allí sus nidos.

 

 Leyenda del dios Make Make:

 

Estando la bruja Hitu contemplando el mar desde una roca, vio una calavera cerca y fue a cogerla, pero una fuerte ola se la arrancó de las manos y se retiró con ella. Hitu no lo pensó dos veces y se echó al agua. Cada vez que creía tenerla a su alcance, se le escurría de las manos. Pero tanto se había encaprichado, que se propuso no parar hasta conseguir apresarla.

Ya en alta mar, medio muerta, con las fuerzas agotadas de luchar contra las olas, dejó  de nadar. Arrastrada por la corriente, llegó a la isla de Matiro Hiva; y con ella la calavera. Ni siquiera pudo tocarla: cuando la calavera tocó tierra, ésta se convirtió en un  dios, el dios Make Make.

Aquella isla, al contrario que Rapa Nui en donde no había ninguno, estaba llena de pájaros. El dios de la isla, Hava, que los había acogido y alimentado, ofreció a Make Make una pareja sana y robusta para que poblara su isla de pájaros.

El dios volvió a su isla y soltó las aves. Pero cuando llegó la época de cría vio con desolación que los isleños se habían comido todos los huevos. Make Make insistió una y otra vez llevando parejas de aves. Y una y otra vez los rapanui se comían los huevos que quedaban en el nido. Hasta que un día, uno de los huevos quedó atrapado en una grieta  entre dos rocas, un lugar de difícil acceso; y gracias a ello pudo nacer el primer pájaro, Manutara, el pájaro sagrado.

46. una historia de desamor en torno al Tangata Manu, Hombre Pájaro

 

Tag(s) : #Mitológico

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