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Moma-Nueva-York.jpg

 

Desde que siendo estudiante vi una lámina del cuadro “Parau Api” en un libro de arte, me convertí en una ferviente admiradora de su obra. Desde entonces y con el transcurrir del tiempo, tuve ocasión de disfrutar de su pintura en salas y museos, en exposiciones permanentes o temporales, de Europa primero y de América más tarde. El placer que produce contemplar sus cuadros  se debe a la forma tan personal y sincera con que supo plasmar la “sensualidad y tierna espiritualidad de los nativos tahitianos exaltando la lujuriosa calidez de los colores tropicales.”  (Michel Laclotte 1979).

Si bien Tahiti fue una fuente de inspiración para Gauguin consagrándole definitivamente a nivel mundial como genio de la pintura, Gauguin fue el artífice y creador del mito Tahiti. Así pues, no es de extrañar que, habiendo llegado a la Polinesia francesa, una de mis prioridades fuera la de visitar su museo, el flamante museo Gauguin de Tahiti inaugurado en 1965.

Durante  el trayecto desde Paea al lugar donde se encuentra el museo y a través de las palabras del guía, pude recordar, aunque sólo fuera a grandes rasgos, la azarosa vida del gran artista:

-Nació en Francia durante los días de revolución en 1848. Su padre, periodista liberal, se exilió a Sudamérica tras el golpe de estado de 1851, y el pequeño Paul fue trasladado a Lima junto a su familia (la ascendencia de su madre dentro de la nobleza peruana, marcaría su vida con recuerdos suntuosos). Se alistó, con 17 años, en un barco de la marina mercante. Después de navegar por todo el mundo comenzó su carrera en  la banca, y en 1873 se casó con una mujer danesa, Mette Gadd.

“Fue entonces cuando Gauguin comenzó a adquirir cuadros impresionistas (Manet, Pisarro, Cézanne, Renoir, Dégas…) y a modelar y pintar. Tras obtener varios éxitos con sus cuadros y coincidiendo con la crisis financiera de 1883 decidió abandonar la banca para dedicarse por entero a la pintura. Poco después, su vida familiar se derrumbó y se vio en la miseria. Cuando conoció a Van Gogh tenía ya cuarenta años. Tras su dramático encuentro en Arlés en 1888, una exposición organizada por Théo Van Gogh, le reveló como un artista sólido, y de vuelta a París se encontró muy solicitado en reuniones literarias y homenajeado en banquetes organizados por sus amigos. El éxito le animó a embarcarse con rumbo a Tahiti” –hizo una interrupción en su relato para avisarnos de que estábamos llegando al museo y después de consultar su cuaderno de notas, continuó:

-Una vez aquí, exaltado por nuestros bellos paisajes polinesios se volcó en expresar sus impresiones con total libertad cromática. Pero al encontrarse sin dinero decidió volver a Francia intentando sanear su economía. Allí pintó obras inspirado en su estancia tahitiana. Al cabo de dos años regresó a Tahiti. Sin recursos, enfermo y deprimido por la muerte de Aline, su hija, y tras dejar su testimonio plasmado en la obra “¿De dónde venimos?, ¿qué somos?, ¿adónde vamos?” en donde dio forma a sus obsesiones, intentó suicidarse.

“Se enfrentó con las autoridades civiles y eclesiásticas de la isla y decidió trasladarse a la isla de Hiva Oa en las Marquesas” (las autoridades de Tahiti le recriminaban su forma de vida y que hubiese grabado Casa del Gozo en la entrada de su choza. El Hechicero de Hiva Oa, en el museo de bellas artes de Lieja, es de sus últimos años de vida en las islas Marquesas).

Llegamos al museo. Nada más traspasar el umbral, la decepción fue mayúscula. Me resulta difícil recordar un museo que me desilusionara tanto: documentos sobre su vida y obra, cartas y fotos, y una maqueta de su choza; y humildes láminas y polvorientas reproducciones a cuyo pie figuraba la ciudad y el museo donde se encontraba el original. Allí no había ni un solo cuadro original, ni siquiera uno.

En un gesto inconsciente de rebeldía y para compensar la ausencia de sus cálidas pinceladas, enumeré mentalmente cada una de las ciudades en cuyos museos había podido admirar sus pinturas: París, Ámsterdam, Londres, Bruselas, Praga, Budapest, Madrid, Moscú, San Petersburgo, Nueva York, Washington. Tahiti no entraría en mi lista. Méritos tenía pero… poderoso caballero es don dinero.


 
“La pintura es la más bella de las artes. En ella se resumen todas las sensaciones; frente a ella cada uno puede, según su propia imaginación, crear una novela y, con sólo una mirada, sentir el ánimo invadido por los recuerdos más profundos; ningún esfuerzo de memoria: todo está sintetizado en un solo instante. Como la música, actúa sobre el alma a través de los sentidos, los tonos armoniosos corresponden a las armonías de los sonidos; pero en pintura se obtiene una unidad imposible en música, donde los acordes llegan uno tras otro, por lo que el juicio se somete a un esfuerzo incesante si quiere unir el final con el principio. […] Igual que la literatura, el arte de la pintura cuenta lo que quiere con la ventaja de que el lector conoce inmediatamente el preludio, el desarrollo y la conclusión. La literatura y la música requieren un esfuerzo de memoria para dar un juicio al conjunto. [… ] Sólo la vista produce un impulso instantáneo.”

                                                                 Nothes synthétiques 1890

Paul Gauguin

Museo-de-bellas-Artes-de-Lieja.jpg

 


VIDEO CUADROS DE GAUGUIN

 

 

 

 

 

 


Nota.
Recientemente he leído en www. tahitiguide lo siguiente:
Museo y tumba. En Tahiti El Museo Gauguin presenta 25 obras originales, varias películas sobre su vida y su obra y varios trabajos sobre el pintor. Ocupa el segundo lugar despues del Museo de Orsay de París, en los que se refiere a la exposición de obras de Paul Gauguin. En Hova Oa, en la pequeña ciudad de Autona, un museo exhibe copias de la obra de Gauguin. También se puede visitar la reconstrucción de la "casa de gozar" ...

Pinchando en Museo Gauguin, especifica lo siguiente:
El visitante puede encontrar 25 obras originales de (acuarelas, esculturas, proyectos, bocetos de libros, etc)
Bueno, no era ese el tipo de originales  que yo deseaba ver, eso es todo.


28. La mágica playa de Nuuroa

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Tag(s) : #Museos

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