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Desde el Hotel Metropole de Hanoi

 

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¿Qué fue de la pobre Vietnam, destrozada por la guerra, que sobrevivió a la ocupación extranjera y a la invasión estadounidense con sus siete millones de bombas -el doble de la II G. M. a razón de 7 toneladas de bombas por habitante- y donde vimos las consecuencias de sus diabólicos inventos: la niña que huía inútilmente del efecto del napal, que abrasaba lenta e indefinidamente su cuerpo desnudo, o el agente naranja que arrasaba bosques y campos de cultivo y los dejaba estériles durante décadas?

Era el tipo de preguntas que nos habíamos estado haciendo desde que dejamos de manifestarnos cuando los americanos, tras diez años de guerra a miles de kilómetros de su casa, derrotados por la tozuda resistencia del pueblo vietnamita,  decidieron, al fin, retirarse.

 

En treinta y cinco años, la sombra de la guerra ha desaparecido, la misma guerra parece haberse diluido en el afán de los vietnamitas por prosperar económicamente: <<Olvidamos, de momento>>, dicen. Todos parecen lo bastante felices para aceptarnos a los de otras nacionalidades; también al demonio  americano que, tras un acto de contrición colectiva, se ha volcado en la cooperación para la reconstrucción del país.

 

 Hanoi (H.Metropole)Una mujer vietnamita de edad indefinida se levantó en el mismo instante en que llegábamos a la terraza del hotel. Su acompañante permaneció sentado, con los ojos clavados en su espalda mientras ella subía a la moto para desaparecer absorbida por la riada de motoristas que inunda permanentemente las calles de Hanoi. El hombre separó la silla de su mesa para que pudiésemos abrigarnos al calor de una estufa de gas alta, con forma de seta. Le agradecimos el gesto y nos sentamos a su lado. En un tono deliberadamente alto dijo señalando el lugar por donde la mujer había desaparecido:

-¡Mi ángel de la guarda! –Luego, en un tono más bajo, en un español pausado con acento americano, preguntó-: ¿Han estado en Saigón? Ahora la llaman Ho Chi Minh City… Yo estuve allí... durante la guerra. ¿Han oído hablar de los túneles de Cuchi?

Claro que habíamos oído hablar de ellos. Los vietnamitas los empezaron a construir cuando la ocupación francesa y continuaron durante la invasión norteamericana. No era sólo una red de túneles (más de 200 klómetros), una red de comunicación secreta entre sus aldeas, sino que los usaban como refugio de combatientes; incluso albergaron hospitales de campaña durante la Guerra de Vietnam.

-Nuestro campamento, al noroeste de Saigon, estaba exactamente encima de los túneles... Pero pasó mucho tiempo hasta que los descubrimos. –Elías era un excombatiente, un diablo americano como les apodaban los  vietnamitas durante la guerra. Sin embargo, su aspecto no recordaba al típico estadounidense sino que era más bien bajo y de complexión menuda-. Los vietnamitas aparecían por todas partes, en los lugares más inesperados… ¡y  desaparecían delante de nuestras propias narices, como si la jungla los hubiese tragado! En una ocasión los vimos reaparecer al otro lado del río ¡ Nadie los había visto cruzar…!

Se había hecho de noche. Pero aunque el parte de guerra personal de Elías podía haberlo visto en decenas de películas, su << ángel de la guarda  >> me tenía intrigada. Había pedido al camarero otro Bloody Mary y nos animaba a imitarle.

  Trampas de Cuchi9-Ocurrió de casualidad: Un día al sargento le picó un escorpión, al buscarlo descubrió que había sido el pincho de una trampilla. La trampilla daba acceso a un túnel, un túnel muy estrecho..., a medida de los escurridizos vietnamitas. Nuestros hombres se quedaban atorados en el túnel y los perros de rastreo eran despistados con los uniformes de nuestros soldados muertos o con el jabón que nos habían robado. Así que nos eligieron a los más menudos para una misión de reconocimiento. No descubrimos nada. Caíamos uno tras otro en las trampas que había dentro de los túneles: filas de bambúes afilados como espadas...; muchos acabaron ensartados en pinchos de metal que recubrían puertas que se abatían inesperadamente. Yo quedé con la pierna atrapada en una especie de cilindro, atravesada por dos clavos. Pude morir desangrado… si no hubiese sido por ella… Me curó. Luego desapareció. Pero tenía su nombre escrito en una nota que escondió en mi guerrera.

-¿Su ángel de la guarda?

-Usted la vio –me contestó riendo con franqueza, optimista; parecía más joven que un par de horas antes-. Es tan dulce y cariñosa como yo la recordaba. En realidad, he vuelto para reencontrarme con ella...  Pensé que ahora que mis hijos son mayores… Han creado su propia familia… -Y añadió asomando a sus ojos oscuros un brillo extraño, una especie de rabia, un destello de locura-: A Minh Kuhê la obligaron a casarse con un hombre al que no quería, un oficial del ejército vietnamita. ¡Lo mataré y me casaré con ella!  

El jardín no era más que una sombra oscura y el frío del invierno se metía entre los huesos a pesar de la estufa. Pedimos que nos subieran la cena a la habitación y discutimos los planes para, una vez en Saigón, hacer una escapada a los túneles de Cuchi.

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Imágenes del hotel MetropoleHanoi (H.Metropole)

 

Imágenes de las trampasde Cuchi Trampas de Cuchi4

 

Imágenes del paísMekong-Vietnam

 

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Tag(s) : #Guerra

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