Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog


En un pequeño barco a motor, junto con otros pasajeros y una regordeta y sonriente guía nativa, navegábamos por una mar tranquila que permitía acercarnos lo suficientemente a los acantilados como para observar de cerca los efectos de la erosión: ¡Moles de más de 300 metros de altura sobre cornisas suspendidas en el vacío!

-Hace millones de años, todo estaba cubierto de agua –dijo la guía-. Los fondos de coral aumentaban con sucesivas capas calizas a medida que el coral se iba muriendo. Posteriormente, la presión entre placas tectónicas dio lugar a plegamientos del suelo provocando que asomaran a la superficie las masas de roca caliza que hoy vemos: un paisaje cárstico. La erosión producida por el agua de lluvia al penetrar por las grietas dio lugar a la formación de cuevas, y la  producida por las olas del mar, durante milenios, hace que las cuevas se agranden y se originen cornisas.

La recortada costa de la bahía de Phang-nga, en el mar de Andamán, en la que desembocan multitud de ríos, está bordeada por acantilados de hasta 350 metros de alto cayendo a pico sobre aguas poco profundas. En ocasiones, los acantilados aparecen horadados formando cuevas marinas; algunas solo visibles con marea baja. Hay cuevas con pinturas prehistóricas como Tham Hua Golok; otras albergan templos budistas; muchas encierran lagos interiores a los que se llega por laberínticos túneles, y la mayoría tienen estalactitas y estalagmitas. A veces, las rocas se abren al cielo dejando caer un cañón de luz suave y tamizada, que ilumina el agua encerrada en sus entrañas. Rascacielos naturales de roca caliza, coronados de vegetación baja, despuntan sobre las abundantes islas que salpican la bahía; islas vírgenes bordeadas por encantadoras playas; algunas deshabitadas. Multitud de farallones semejantes a gigantescas columnas puestas del revés, con la base más estrecha que la cima, emergen del mar, aislados, dispersos por la bahía. Otros aparecen inclinados adoptando formas extrañas, prolongándose en gigantescos lagrimones de roca hecha jirones.

-Tienen que pasar mil años para que las olas erosionen 20 centímetros de la parte baja de una roca.

Fondeamos a la entrada de una cueva.

Hasta donde la vista alcanza, no se veía ninguna otra embarcación.

Pero de pronto, como surgida de la nada, en medio de la soledad reinante, una flotilla de diez canoas guiadas por remeros uniformados con atuendos en rojo, fucsia y oro, bogaba rítmicamente hacia nosotros.

Penetramos en la cueva por un estrecho canal oscuro, de techo bajo, y abundancia de formaciones rocosas sobresaliendo de las paredes; las canoas se veían obligadas a avanzar lentamente.

Después de tropezar con innumerables monstruos cálcicos, deslumbrados por las linternas de los remeros, vislumbramos un punto de luz al final del pasadizo marino. Al aproximarnos al foco luminoso, dos gigantescas paredes verticales se levantaban ante nosotros cerca una de otra como si de una puerta entreabierta se tratara. Por el hueco que dejaba pasar la luz en la parte cercana al agua, pudimos cruzar al otro lado. La claridad entraba a chorro, sin ambages, por el cilíndrico tubo de roca. La vegetación enraizada en las hendiduras de las paredes marinas tamizaba los rayos solares convirtiéndolos en una especie de aura dorada y polvorienta a su contacto con el agua. El agua de mar, prisionera en aquellos acantilados, era un agua mansa, quieta, verde clara, con irisaciones doradas por las caricias de luz que bajaban de lo alto. Las canoas se detuvieron formando un círculo alrededor del lago interior en un religioso silencio.

 

Un sol radiante nos recibió al salir a la inmensidad abierta de la bahía.

Al abandonar las canoas para reanudar la singladura a bordo del yate éstas desaparecieron como por arte de magia. Volvieron a aparecer en el momento preciso, como si todo forrmase parte de una cuidada puesta en escena (la estética tailandesa una vez más; y siempre).
 


Bajo las cornisas rematadas por colgajos esculpidos por las olas durante miles de años, con toneladas de roca pendiendo sobre nuestras cabezas, avanzábamos lentamente pegados a los acantilados. Algunas cuevas no eran de fácil acceso y apenas dejaban pasar las canoas, siendo necesario tumbarse en el fondo (para no perder la cabeza en el intento). Entre un sinfín de resbaladizas y lechosas estalactitas, que desaparecían bajo la negrura del agua o se juntaban con orondas estalagmitas surgidas de las profundidades y tras cruzar amplios espacios abiertos, iluminados, auténticos oasis marinos, llegamos a un bosque de manglares que exhibiendo su maraña de raíces proclamaban su eterna duda: alimentarse del aire o del agua salada.

Nos detuvimos en una minúscula playa escondida entre enormes paredes rocosas cubiertas de arbustos y lianas colgando. En medio del agua, a modo de atolón, una pequeña roca con vocación de isla, coronada por plantas enanas, sobresalía del agua como si de un islote en miniatura se tratase. Otras zonas recordaban palacios marinos de cuentos infantiles donde grandes mesas de roca sobre un suelo de agua soportan ramos de flores pétreas o candelabros. Lugares de ensueño.

El paseo por las cuevas es inagotable; se necesitarían varios meses para una somera exploración.

 

Ultima parada: la isla de James Bond (los propios tailandeses dieron ese nombre a Ko Khao Phing Kan desde que se rodó allí la película “El hombre de las pistolas de oro”)  y la majestuosa roca Ko Tapu, frente a la famosísima playa, sobresaliendo del agua como un clavo. 

La decepción puede ser mayúscula si uno se fija en los regueros de visitantes cruzándose por el estrecho sendero que conduce desde el embarcadero a la playa, y en los tenderetes de baratijas al llegar a ella. Sin embargo, pocas fotos hay tan evocadoras como la de James Bond posando con el Ko Tapu... Pues apartemos la vista, miremos al mar y hagamos la preciada foto con el Ko Tapu al fondo. Al fin y al cabo, ¿no vale más una imágen que mil palabras?
 

  Foto en la isla de James Bond

Glosario

Artículos relacionados:

 

Tahiti

 

 

 Reescritura del último artículo saboteado

 


Seychelles Keti 2-3 026 Vista Web grandeEolo es amigo del Surf. El Surf es amigo mío. Pero no se da la propiedad transitiva.

 

Tag(s) : #Cinematográfico

Compartir este post

Repost 0