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A Myanmar (Bagan)11

 

Hace algunos años leí un libro que hablaba de Siddharta Gautama del que decía que siendo un príncipe hindú dejó atrás la holgada vida de palacio para dedicarse a meditar. Al principio se sirvió de las enseñanzas de maestros para hallar el camino de la liberación, pero pronto decidió buscar dentro de sí mismo. Permaneció inmóvil bajo la sombra de un bodhi hasta alcanzar la dicha de la renuncia, la que precede al estado de liberación, del renacer implícito en la rueda del samsara, es decir el estado de nirvana. Esto sucedió alrededor del año 500 antes de Cristo.

Quitando aquel momento de curiosidad y ahora también en Sagaing, donde la presencia de templos, conventos y estupas es abrumadora, nunca me había parado a pensar qué virtud tiene el budismo para que, si bien es mayoritario en Asia, atraiga como lo está haciendo la mirada reflexionada de otras gentes de Occidente. Son muchos los que no entienden por qué los dioses de las religiones mayoritarias se consideran mutuamente excluyentes. Sus portavoces a lo largo de la historia del ser humano, dictan leyes, emprenden batallas y lanzan consignas en función de quienes tuvieran enfrente como enemigos. Así, el de Israel inspira a Moisés y lucha a su lado contra los egipcios o ayuda a Josué para destruir Jericó y matar a su pueblo y a su rey; y la llamada guerra santa enfrenta a los cruzados del Papa con los defensores del Islam precisamente por lo único en lo que todos coinciden (y todos quieren poseer), la Tierra Santa. Es como si la divinidad de cada dios estuviese en proporción directa al número de creyentes Y he aquí que Buda, un noble perezoso para las disquisiciones metafísicas del hinduismo no se proclama portavoz de ningún dios, no cree en la existencia del alma; todo empieza y termina en la recomposición de uno mismo.

A Myanmar. Amarapura8Es fácil estando en Sagaing, donde tanto los campos del interior como las riberas del Ayeyarwady aparecen espolvoreados de estupas (hay más de 500), pensar si no es más razonable creer como creen los budistas que las desgracias que nos acaecen son consecuencia directa de nuestro karma. Un karma que se puede mejorar con buenas acciones, ofrendas a los monjes y a los pobres, construcción de estupas…, de forma que todo ello se acumula en beneficio del ente en que hayamos de ser recompuestos en una existencia futura. Ésta sería una explicación aceptable -aunque para mí sea increíble- de la existencia del mal en el mundo,  más aceptable que la incomprensible idea de que un Dios, que es bueno y todopoderoso, permite que sus criaturas suframos las más tremenda desgracias, como la muerte de un hijo, la miseria, la enfermedad o la guerra sin que puedan achacarse a las malas acciones que hayamos cometido en esta o en vidas anteriores. Y aquí no cabe la frase de Pascal, pues siendo que la razón no lo explica, tampoco el corazón lo entiende.

Durante el tiempo que permanecimos en el templo de la colina quemé varillas de incienso y observé las pinturas que colgaban del lateral de un pasadizo ilustrando jatakas, cuentos basados en anteriores vidas de Buda. Alguien me tradujo del birmano los relatos que figuraban al pie de las pinturas.

Ese día estuvo lleno de reflexiones budistas.


A Myanmar. Amarapura9


Sonaron tres golpes de gong y con la danza ritual de homenaje y el ofrecimiento de plátanos y cocos a los espíritus guardianes, los Nats, dio comienzo la función del teatro de marionetas al aire libre de la ciudad de Mandalay. Bajo una constelación de estrellas, se sucedían las apariciones de animales y demonios, caballos alados, un alquimista que muele plantas medicinales, el rey elefante, campesinos, nobles y pajes de las jakatas más populares…, pero sólo recuerdo algunas. En una se descubría la causa de que en un bosque de cañas todos los tallos se encontraran vacíos:

Cuando Bodhisatta era rey de los monos, en una de sus vidas anteriores, salvó a su comunidad de monos de ser devorada por un demonio. Éste permanecía escondido en el lago al acecho de cualquier criatura que se acercase a beber, ya fuese pájaro, gacela o mono. Bodhisatta desconocía este hecho, pero había observado que las huellas que se dirigían al lago no regresaban, y, a pesar de que los monos estaban sedientos, les aconsejó que se abstuvieran de acercarse al agua. Mandó que recogieran cañas del bosque y vaciaran sus tallos soplando y, una vez terminado, con los tubos que habían formado, pudieron saciar su sed sin poner las patas dentro del agua.


A Myanmar. Mandalay3


11. Madrugada en Bagan

Tag(s) : #Religión

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