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En la puerta del Parque Natural estaba el hotel en el que pasaríamos los próximos días, con treinta kilómetros de playa a nuestra disposición; Recorrerla andando es un reto sólo al alcance de unos pocos. Sin duda, es mucho más atractivo remolonear por entre las dunas subidos a un cuatro por cuatro -no conviene hacerse demasiadas ilusiones: sólo los vehículos oficiales, la mayoría grandes como autobuses, tienen permiso- y cruzarte con algunos de los animales que pueblan el parque, como los asustadizos corzos que ramoneaban entre los arbustos y, alertados, nos miraban expectantes . Me gustaría poder decir que la visión de los flamencos es fantástica pero la naturaleza no entiende de viajes turísticos y las condiciones de salinidad del agua, en esta ocasión, no eran las que gustan a estas elegantes aves (en  Nakuru, del más de un millón de ejemplares que suelen poblar el lago, no habría más de una veintena el día que fuimos). Aún así disfrutamos con las bandadas de gaviotas que nos sobrevolaban cuando rodábamos por las apacibles aguas de la marisma.

A ORILLAS DEL GUADALQUIVIR

Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente se encuentra en las mismas dunas. Estas dunas móviles mantienen con los pinares un pulso que permanece inalterable con el paso de los años; y ninguno pierde. Los pinares surgen del fondo de las dunas y éstas avanzan sobre ellos hasta cubrirlos y asfixiarlos. Pero nuevos pinares renacen fruto de los ya desaparecidos, repueblan el espacio que dejan las dunas formando un colchón de verdor, un espacio fresco y sombreado que sirve de cobijo a multitud de animales.

A pesarde tener una extensión de más de cincuenta mil hectáreas, el Parque de Doñana, debido a sus condiciones de salinidad, no cuenta con asentamientos estables. Sin embargo, allí encontramos una de las edificaciones más antiguas de Andalucía: las chozas. Estas primitivas construcciones, construídas con materiales existentes en el parque como el junco y el brezo -el primero para las cubiertas por su característica de aumentar de volumen al llegar las lluvias impidiendo el paso del agua y el segundo por su resistencia para cercados contra la entrada de animales- son exactamente eso, chozas. Así que cuando la guía dijo que ella había vivido en una de ellas nos echamos a reir. Pero sí, había una historia, la historia de un guardia civil que forma una familia y que, contrariamente a lo que es habitual, el Estado no dispone, en pleno siglo XX, de una vivienda normal que ofrecerle y le invita a alojarse en una choza. Marisa, la protagonista de la historia, recuerda las noches de niña esperando abrazada a su madre la vuelta a "casa" de su padre que había salido a dar una batida en busca de maleantes escondidos en algún lugar de la inmensidad del Coto.

CHOZA DE LAS MARISMILLAS DE DOÑANA.
FOTO DEL GRUPO CEDIDA POR INMACULADA. UN ABRAZO GRANDE A TODAS Y TODOS. HEY, MARISA!

 

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Tag(s) : #Naturaleza
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