Jueves 10 junio 2010 4 10 /06 /2010 21:21

 

 

 

El Siq que conduce a la antigua ciudad de Petra es un tajo fino y preciso como el de un rayo láser penetrando la montaña. Las escarpadas paredes se atraen en lo alto del desfiladero proyectando juegos de luces y sombras sobre su lisa superficie permitiendo apreciar espectaculares ráfagas de policromía arenisca. En ocasiones, se aproximan tanto que simulan un punto ciego, sin embargo el desfiladero continúa en penumbra, quebrado y estrecho. En uno de esos tramos, después de kilómetro y medio de avanzar por el Siq, en la oscuridad creada entre las moles que tienden a juntarse, se abrió una rendija de deslumbrante luz rosa: la refulgente fachada del Khasnè bañada por los rayos del sol de las 10,30 a.m., cuando los matices de la rosada arenisca del principal monumento de la antigua ciudad nabatea ofrecen su máximo esplendor.

 

 

 

Jordania-Petra1 (2)

 

 

 

Seguiré contando sobre Jordania... Pero eso será a la vuelta de Galicia, y después de un nuevo viaje que tengo proyectado por el sur del continente africano.

Por Keti Soeng
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Domingo 6 junio 2010 7 06 /06 /2010 20:31

 

 

Viaje por Siria

 

Sabía que no sería un viaje de placer en el sentido más lúdico de la palabra, pero la inmersión en el escenario milenario de su historia, entre los magníficos restos grecorromanos de la bella Palmira o en el sereno palpitar de los zocos y calles antiguas de Alepo o Damasco, bien valía el viaje. Y es que Siria es un país con heridas abiertas, heridas antiguas cerradas en falso; heridas mal curadas sobre las que se han abierto otras nuevas cuya sangre parece no salpicar a nadie.

Pude sentir una mirada joven llena de rencor, o incluso un volver la vista para ignorarte descaradamente cuando te diriges a alguien porque tus facciones occidentales les recuerda el engaño de ayer o, quizá el abandono, el olvido de ahora. Su hosquedad, el vacío, son comprensibles cuando su corazón alberga tanto resquemor que no es capaz de discernir  entre manos sucias y manos blancas. Incluso en los ambientes más dependientes del turismo como hoteles y restaurantes es difícil que el viajero se sienta mimado.

 

Siria (Palmira)12

 

 

 

Después del obligado letargo del blog relataré los detalles de este interesante viaje.  

Por Keti Soeng
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Lunes 26 abril 2010 1 26 /04 /2010 12:57

 


Primera Etapa: Soñando el viaje
  leer:1. Buscando la Polinesia en el antiguo globo terráqueo
          2. El globo terráqueo del Confesor de la Reina

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Segunda Etapa: Iniciando el viaje: I.Hong Kong

leer:
3. Madrid-Hong Kong vía Londres
         
4. El mismo perro con distinto collar
         
5. La Amapola Dorada y las dos Guerras del Opio
         
6. ¿Por qué es la amapola el símbolo de Hong Kong?

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Leer
:
7. Los rascacielos de Hong Kong
8. No hay mal que por bien no venga: un día de tiendas en Hong Kong
9. Medusas, un manjar para el hambre
10. Servicio doméstico filipino en fin de semana
11. A bordo de un sampán por la hermosa bahía
12. En metro al Templo de Pescadores

Guangzhou II Escapada a Guangzhou (antigua Cantón)
leer:

13. Del Río de las Perlas al Seis Banyan de Guangzhou, la antigua Cantón
14. Sun Yat-sen no salió en la foto      
15. Después de una buena comida, las mejores filigranas chinas
16. Cantón y el efecto "¡Sólo quiero niño!"
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Tercera Etapa: En Australia: Sydney

leer: 17. Aeropuerto de Sydney en alerta antiterrorista
18. Sydney y su dos por ciento de aborígenes
 19. Encuentro latino en las antípodas
20. Eolo es amigo del surf. El surf es amigo mío. Pero no se da la propiedad transitiva.
  IM A0057 Vista Web grande
21. El caro ópalo australiano y cuentos de cocodrilos
22. Otras olas, otros jóvenes
23. Música española en la Opera de Sydney

IM A0060 Vista Web grande

Cuarta Etapa:
En la Polinesia Francesa
I. TAHITI



leer: 24. Tahití, un sueño cumplido
25. Las más hermosas flores tahitianas del jardín de Louis
26. ¡Ia Ora na!
27. Buscando a Gauguin en su museo de Tahiti
28. Reescritura del último artículo saboteado
:La mágica playa de Nuuroa

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II. MOOREA
leer:
29. Un collar de conchas en Tahiti, un collar de flores en Moorea
30. Con un pareo, una concha y una perla en la serenidad de Moorea
31. Las habilidades de Diana en el Valle del Opunohu
32. Mitología mahorí. El amor de Papa y Rango.
33. Subir tan alto para mirar hacia abajo, ¡qué capricho!
34. Un 31 de diciembre como otro cualquiera. Pero en Moorea


Nuestra cabaña en la playa. Moorea
III BORA BORA
leer: 35. Bora Bora, una belleza con pasado
36. Nadando con tiburones y rayas en Bora Bora
37. La confabulación de los cielos polinesios

Polinesia

Quinta Etapa: ISLA DE PASCUA

Isla de Pascua15 (2)
38. ¡Bienvenidos a Isla de Pascua!
39. Los moais de Isla de Pascua, ¡qué extraterrestres ni qué niño muerto!
40. Miradlos hoy, tocad esta materia, estos labios (Pablo Neruda)
41. Volcán Rano Raraku: fábrica de moais o la caída del mito

Isla de Pascua19 (2)

 

42. Moais santificados de Ahu Tongariki y Anakena

43. Al modo de Atamu Takena, ariki de Rapa Nui

  44. El hermoso moai de lapislázuli del mercado de Anga Roa

45. Aldea ceremonial de Orongo. Leyenda del dios Make Make

 * Una historia de desamor en torno al Tangata Manu, Hombre Pájaro. Parte I

 * Una historia de desamor en torno al Tangata Manu, Hombre Pájaro. Parte II

 

 

Seychelles Keti 024

   

 

 



Por Keti Soeng
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Jueves 22 abril 2010 4 22 /04 /2010 11:55

 

UNA VUELTA AL MUNDO VOLANDO DE ISLA EN ISLA

(Pinchando en las fotos aparecen los relatos o informaciones)

 

 


Hong Kong y        

  Guangzhou (Cantón)

     ChinaJiuzhai Gou6


 

 

 

Sydney

Sydneycanton 010 Vista Web grande

 

 

 

 

 

 

  Tahiti, Moorea y Bora Bora

Fiesta tahitiana

Polinesia

Bora Bora

           

 

 

 

 

 

 

7. Isla de Pascua

  Isla de Pascua8 (2) Isla de Pascua20 (2)

 

 

 

 

 

Santiago de Chile (un descanso) - Madrid (mi caasha...)

 

 

 


Por Keti Soeng
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Jueves 15 abril 2010 4 15 /04 /2010 20:59

 

 

Seychelles Keti 102 Vista Web grande

 

El denso humo de la guerra permanecía pegado a la tierra ennegreciéndola, y los cascotes de las sagradas estatuas cubrían el campo yermo con hedor acre a sangre reseca y detritus. Sólo el mar permanecía impávido ante el cruento relevo en los altares. Así, cuando se encontraron desprovistos todos de igual manera del mana protector de sus ancestros, rasados ante el rostro del nuevo dios grabado en piedra, los rapanui se aunaron para enterrar el afilado hierro, y la paz y la prosperidad comenzó a florecer; aunque fuera lentamente, y los amantes hubieran de ocultarse en el fondo de las cuevas.

 

Después de la carrera, Mohea estaba acalorada, respiraba entrecortadamente y el corazón se le había acelerado. Pegó su espalda contra la pared de la cueva como si quisiera confundirse con ella. Así permaneció, quieta, hasta oír el sonido de las ligeras pisadas de sus hermanos alejarse. Los cuatro habían tomado como juego espiarla, sobre todo ahora que, con sus 16 años, se consideraba mayor y había dejado de jugar con ellos. Se dobló sobre sí misma y tomó aire.

Eran más de 6 kilómetros de intrincados túneles que llegaban cerca de su aldea, en el sur de la isla, excavados con el propósito de esconderse del enemigo durante los años de guerra. Aunque con el fin de siglo (siglo XVII) habían terminado las guerras tribales, quedaba un rescoldo a flor de tierra en el seno de algunos clanes. Mohea y Arenui pertenecían a clanes rivales. Ella conocía todos los vericuetos de los intrincados túneles como la palma de su mano, sin embargo Arenui podría perderse fácilmente en caso de adentrarse en su interior al subir la marea. 

Para llegar hasta allí, Arenui nadaba a lo largo de la costa oriental desde el tramo perteneciente a su clan hasta el de Mohea. Acuciado por el sentimiento de reencontrase con su amada, no le preocupaban ni las olas que lo empujaban contra las rocas ni la corriente que lo arrastraba mar adentro; ni siquiera la embestida de algún tiburón hambriento. Todos lo consideraban, y él lo sabía, el mejor nadador de Rapa Nui.

Mohea reconoció el rumor de sus pisadas húmedas sobre el suelo arenoso y compactado de la boca de la cueva. A pesar del agotamiento por el esfuerzo físico, Arenui la estrechó  contra su pecho. Fue un abrazo apretado, intenso y largo, que acuciado por el hambre de verse fustigó su mutuo deseo.

Permanecieron unidos sin sentir el transcurrir del tiempo.

Con la marea baja, el gris lechoso del amanecer, que clareaba el mar convirtiéndolo en una superficie opalina y plana, asomaba por la entrada de la cueva como el despertar nebuloso de un sueño marcando el final del encuentro. Arenui y Mohea, temblando de frío, añoranza y tristeza, se separaron hasta el próximo encuentro, con la próxima luna llena.

 

 Aunque habían pasado dos meses sin poder verse, ambos seguían confiados en su mutua promesa de amor eterno, ninguno de los dos sabía de las intenciones del padre de Mohea: casar a su única hija con Matahi, autoproclamado jefe de su clan a la muerte de su hermano, el padre de Arenui; no en vano, Matahi había confesado, públicamente, su admiración por la bella Mohea. Con esa alianza acabarían para siempre las luchas entre los dos clanes, tradicionalmente, enemigos.

Todo se precipitó cuando la madre de Mohea confirmó sus sospechas sobre la preñez de su hija. Con argucias y amenazas, consiguió sonsacarle la identidad de su amante. Desde entonces, Mohea se vio sometida a una vigilancia continua, y no encontraba la forma de poder comunicarse con Arenui.

Temeroso de que sus planes se vinieran abajo, el padre de Mohea dijo al jefe Matahi que su hija había sido forzada por Arenui; la honra de su familia se vería menoscabada si la boda no se celebraba antes de que naciera la criatura. Loco de celos, Matahi decidió asesinar a Arenui. Pero, pensando en la forma de hacerlo, recapacitó: Si mataba a su sobrino, lo convertiría en mártir, y el pueblo entero se volvería contra él; algunos ya habían mostrado su desacuerdo cuando, aún caliente el cuerpo de su hermano, se autoproclamó jefe del clan obviando los derechos de su sobrino, hijo y legítimo heredero del hasta entonces jefe, alegando que era demasiado joven para el cargo. Finalmente decidió que podía manejarlo, no era más que un joven impetuoso, romántico, inmaduro. Después de meditar el mensaje que debía transmitirle, le habló en estos términos: “Voy a contraer matrimonio con Mohea. Es mi deseo acabar con la larga historia de sangrientas luchas entre nuestras dos familias cuyo inicio se pierde en tiempos de nuestros sagrados ancestros. Tu padre no supo darle fin y a mí se me presenta la oportunidad. Esta alianza traerá la paz definitiva a los dos clanes”

Al escuchar esas palabras, Arenui se hundió en la tristeza y la desesperación. La rabia le ofuscó la razón. Las ideas se le agolpaban alocadamente y su mente aturdida se precipitó en sacar conclusiones. No comprendía la actitud de Mohea, le había jurado amor eterno y ahora, tras sólo dos meses sin verse, lo dejaba por un viejo decrépito y lujurioso. Su ambición era despreciable.

Matahi aprovechó el abatimiento de su sobrino para asestarle el golpe definitivo: “Mohea sólo pone una condición a nuestra unión: que cuando ella venga, tú no estés aquí. Por el bien de nuesta familia, Arenui, debes marcharte”

Ese mismo día, Arenui abandonó la aldea sin rumbo conocido, sin despedirse de nadie.

Los padres de Mohea se encargaron de dar, adecuadamente, la noticia a su hija: “Cuando Arenui fue informado por su tío de que esperabas un hijo, reaccionó cobardemente. Huyó sin dejar el menor rastro. Mejor así. No te merecía. Matahi te tratará bien; con él serás más feliz. Y vuestra unión sellará la paz definitiva entre nuestras dos familias”.

Decepcionada, sin fuerzas para rebelarse, Mohea consintió en la boda. Matahi, por su parte, no puso reparos en aceptar como suyo al ser que llevaba en sus entrañas. Aunque, dos años más tarde, los celos lo empujarían a separar al hijo de su madre, mandando al niño con sus abuelos maternos.

 

 

Isla de Pascua1 (2)

 

 

   Para leer la segunda parte de esta historia pinchar aquí

Por Keti Soeng - Publicado en: Isla de Pascua o Rapa Nui
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  • Keti Soeng
  • Mujer
  • Madrid mundo Vigo Coruña Orense
  • De formación matemática y profesora por vocación, hasta ayer. Ahora cultivo otras aficiones menos rentables: los viajes, la literatura...

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