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Roma1 (2)

Aunque en ella se entremezcla lo moderno con lo antiguo en un marasmo bullicioso y divertido, con un tráfico de coches endiablado, conseguimos de forma puramente casual hacer una verdadera inmersión en la milenaria Roma, la de los césares y emperadores; algo que todos buscamos en nuestra primera visita a esta extraordinaria ciudad.

Después de las imprescindibles visitas al Coliseo y a los Foros Imperiales, decidimos acercarnos a las Termas de Caracalla. Sólo había una pega: mientras los grupos eran recogidos por sus autocares, nosotros, que íbamos a nuestro aire, reclamábamos, inútilmente, la parada de algún taxi ignorando que en esa ciudad sólo recogen a los clientes que acuden a las paradas reguladas. Así que para cuando llegamos a las termas -serían las 2 de la tarde- ya estaba chiuso. Dudábamos si volver al centro o, por el contrario, continuar andando -tampoco teníamos bono de autobús- hasta las Catacumbas de S. Calixto. Pero no había a quien preguntar, sólo una pobre anciana que, en medio del césped que rodea las termas, asaba un arenque al humo de unas ramas verdes . Nos acercamos a un kiosco de refrescos y patatas fritas. Siguiendo las indicaciones del kiosquero, que aseguró que las catacumbas no estaban muy lejos yendo por la Via Apia Antica, seguimos adelante. Después de mucho andar... bajo una lluvia menuda por aquella estrecha vía romana, con sus villas patricias solitarias, sus adoquines igual que hace miles de años; sin cruzarnos con nadie, desamparados, como si nos hubiesen introducido realmente en aquellos tiempos del Imperio Romano... pero en la más absoluta soledad (ni un alma nos cruzamos), cansados y con hambre, sentimos la urgencia de salir de aquella vía que parecía no tener fin; de volver a la era presente.

Ya desesperábamos cuando, delante, a lo lejos, vimos parpadear una luz... una luz ámbar ¡Un semáforo! ¡La civilización! ¡Qué alivio!

¡Y qué opípara comida nos dimos en el restaurante Monterozzo!

Roma2

Ya repuestos, no dudamos en seguir andando hasta las Catacumbas. Un sitio poco agradable. Sobre todo si uno se pierde, que no es difícil. Como aquel visitante que se alejó del grupo guiado y permaneció toda la noche en las catacumbas -hay una hora de cierre- a 20 metros bajo tierra, rodeado de altísimas paredes con hasta cinco niveles de sepulcros excavados en ellas. Así estuvo, completamente solo, hasta el día siguiente en que lo encontraron medio desquiciado.

Llegada la noche, satisfechos de nuestra pequeña aventura en la antigua ciudad de Roma, tomamos un taxi que, esta vez sí, nos llevó directamente desde las Catacumbas al Trastevere. Y en un encantador restaurante llamado Sabatini, en una mesa improvisada (no teníamos reserva pero quien nos atendió debió compadecerse de nuestro aspecto agotado), con fondo de acordeón y guitarra, cenamos como obispos.

Hay muchas otras Roma que disfrutar, palacios y museos, monumentos como la fontana de Trevi, emblemáticas plazas, piazza Spagna, piazza Navona, piazza Venecia -inevitable cada vez que se atraviesa la ciudad en taxi- o el cercano Vaticano. Pero el recuerdo de aquel primer día es quizá el más entrañable.

Roma2 (2)

 

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Tag(s) : #Arqueológico

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