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           Animados por el bullicioso ambiente de las calles comerciales y sus coloridos carteles -típicos de los barrios chinos de cualquier ciudad del mundo-, recorrimos gran parte de la Isla. Sin apenas darnos cuenta, había anochecido y todo el cansancio llegó de repente. No teníamos ánimos para buscar un restaurante y decidimos repetir en el Shanghai, el restaurante chino del hotel; además tenía música en directo.

Tras consultar con el maître algunos de los platos de la carta que no conocíamos, nos decidimos por las medusas: <<Es un manjar exquisito. El plato preferido de los chinos. –Recapacitó un instante y añadió-: Bueno, al menos en Shanghai se toma mucho. Verán cómo les gusta.>>

Después de una variedad de entrantes a base de verduras salteadas, brotes de bambú y tortillas, nos trajeron una gran fuente de medusas. Dada la poca luz del local, su aspecto no revelaba gran cosa, sólo se podía apreciar una masa informe, satinada y blancuzca, casi grisácea. Fui la primera en probarlas: su blandura pegajosa me rozó los labios, la textura viscosa de su carne -si se le podía llamar así- me llenó la boca: era insulsa, resbaladiza, era indivisible, inmasticable; imposible poder tragarla. Sentí que el estómago se me subía a golpes  provocándome irreprimibles arcadas. Entre náuseas mal disimuladas, conseguí tragarla.

-¡Qué exagerada! –se burló Alonso."Ya verás cuando las pruebes", me dije.

Y el hombre duro se llevó a la boca la más grande del plato. Ni siquiera tuvo tiempo de coger la servilleta: las náuseas que le provocó la viscosa medusa hicieron que resbalara íntegra de su boca al plato.

-¡Qué asco!  ¿Pero cómo pueden comer esto? –Tras varios tragos apresurados de vino para calmar las náuseas, siguió despotricando-: ¡Menuda mierda! Y el tipo dijo que es un plato exquisito… ¡Es repugnante!

Con gesto de repulsión haciendo ascos con la boca como los niños cuando no quieren comer algo, apartó su plato y la rebosante fuente de medusas al otro extremo de la mesa.

-¡No me extraña que no te gustase! ¡Es asqueroso!

 

Lo que acabo de contar es, sólo, una anécdota. Como todo el mundo sabe la cocina china es fabulosa, capaz de abrumar al paladar más exigente con exquisiteces de la cocina tradicional imperial

como su famosa sopa de nidos de golondrina del Fangshan o las sabrosísimas ¿carnes? de tortuga o camello

Restaurante Fangshan Palacio de Verano de Beijing, con platos de la cocina imperial.
 o el pato laqueado del Donc

China Sito 1 062 Vista Web grandeChina Sito 1 063 Vista Web grande 
Pato laqueado de Le DONC en Beijing
Pero igual de abrumadora (pero en sentido contrario) es la cocina popular con sus amplias fuentes repletas de huesos sin carne, de cualquier tipo de carne, que sirven en Huangshan o Jiuzhai Gou,
Jiuzhai Gou6Huanshan6
Paisaje de Juizhai Gou
 o los mil y un tipos de arroces (todos de igual sabor) entre los que se puede elegir en cualquier parte adonde vayas.

Pero todos esos lugares son posteriores descubrimientos de otro viaje a China, a la China continental. Ni que decir tiene que cuando estuvimos en Shanghai no probamos la medusa.
Shanghai3
Shanghai

10. Servicio doméstico filipino en fin de semana

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Tag(s) : #Gastronómico

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