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Madha Pradesh, Maharastra, Goa171

Cuevas-templo de Isla Elephanta.

 

Dos días antes de salir hacia Madyha Pradesh para iniciar el safari, cruzábamos Gateway of India para tomar el barco a Elephanta Island. Vista de cerca, la gran puerta de piedra dorada es más impresionante; tras los arcos, se abren grandes salones en lo que parecían simples vanos. En el lado este, está el antiguo muelle de los koli, los pescadores habitantes de las siete islas originarias; y en el norte hay la estatua de un guerrero montado a caballo. Es ese tipo de estatuas que llaman la atención por el aura de heroísmo que la rodea. “Es Chhatrapati Shivaji. A los 19 años ya era el cabecilla de un grupo que luchaba contra el ejército mogol. Conquistó fuertes en las montañas y en la costa con tácticas de guerrilla. Consiguió la independencia y fundó el Estado maratha. En 1674 fu coronado Chhatrapati”.

 

Hacía un día despejado, los barcos amarrados a puerto delante de Gateway of India, se espejaban en las aguas de un azul brillante a la espera de su hora de salida. Al parecer en “nuestro”  barco solo quedaban libres dos plazas separadas. Una familia de sijs al completo (abuelos, padres y nietos) se reagrupó ofreciéndonos dos asientos contiguos. Eran del Estado de Panyab, estaban de viaje turístico por Maharashtra. El hombre mayor, que había quedado frente a nosotros entre su mujer y su yerno, dijo ser maestro, en ejercicio. Era curioso y extrovertido, repudiaba el sistema de castas de los hinduistas y su tibia actitud ante las violaciones a mujeres, “Es algo que ocurre con demasiada frecuencia… Semanas atrás, violaron a una turista europea que hacía camping con su marido… Incluso aprovechan cuando ellas van al campo, a hacer sus necesidades...”. No era un tema agradable. (Había a nuestro alrededor decenas de rostros masculinos con sanguinolentos ojos oscuros en cuencas hundidas cuya insistente mirada, de una fijeza irritante, insinuaba amenazas de una cualquiera de aquellas inquietantes historias). Contó, también, que su única hija, sentada a mi lado, se había licenciado en económicas por la Universidad de Londres; ahora, ella y su mujer dirigían una empresa. De los dos nietos, la niña era una muñeca, morena como su padre (que escuchaba y asentía de vez en cuando) y rolliza como su abuela con apretadas trenzas negras que encuadraban sus abultados mofletes. El chico, un muchacho lánguido, dudaba entre estudiar Informática o dedicarse a la fotografía publicitaria; nos hizo unas cuantas fotos. Al llegar a la isla nos perdimos de vista.

  

Un trenecillo te recoge en el embarcadero, te lleva adentro por una carretera estrecha a cuyos lados los peones, sentados en el suelo, dan martillazos a las piedras para obtener grava con que rellenar los agujeros del último monzón. Un grupo de cuervos pelean, otro otea el horizonte desde lo alto de un poste. Los monos allí son descuideros. Luego, apagan la sed que les provocó el curry en los grifos de las fuentes. Los culis acuden con sillas de manos para quienes no pueden llegar por su propio pie a las cuevas. Apenas me dio tiempo a darme cuenta: Alonso desaparecía en volandas, pendiente arriba, por los escalones que eran amplios y estaban festoneados por dos largas filas de puestos de artesanía. Miraba hacia arriba el azul de los toldos por donde asomaba alguna rama de árbol, y al final del túnel que formaban vi asomar el azul más pálido del día y la piedra del acantilado; las cuevas-templo de Isla Elephanta. La monumentalidad todavía no resulta evidente, a pesar de que ya se vislumbran los enormes pilares y los amplios espacios interiores. Es como el templo de Abu Simbel, pero con profusión de tallas de una factura exquisita, cuadros encadenados sobre las paredes de roca; estas escenas son como rituales de alegría y violencia, serenidad y cólera. Está dividido en salas con profusión de columnas, nichos y recovecos. De cada nicho sobresale una imagen, figuras de Shiva y Parvati, Ganga, Ravana (algunas mutiladas, dicen que por los antiguos portugueses); el lingam, solitario y fecundo, con una corona alrededor. Era de flores amarillas y naranja, aromática, como de tagetes. Y el colosal Mahesamurti, las tres caras de Shiva en un solo cuerpo: la del Preservador en el centro, apacible, serena, majestuosa; a su izquierda el Creador, con gesto afable, complaciente y dadivoso; y a su derecha está la cara de Shiva Destructor, con la cabeza cubierta de serpientes y una mueca de crueldad en la boca bajo su nariz aguileña.

 

De vuelta al barco, ahora sin la encantadora familia sij, con los bancos corridos ocupados por hindúes jóvenes, descarados; puede que seáis decentes, pero vuestra pertinaz mirada es irritante. No hay a dónde mirar, sólo sus caras.

De regreso a Colaba entre vendedores de pulseras, pashminas, jabones con olor a sándalo, saris, sastres callejeros, agentes de viaje, camareros, conductores de taxi…, la tarde cambió a su rostro más amable, al de Shiva el complaciente, el afable y dadivoso.

A India II1

Mono de Isla Elephanta

 

Madha Pradesh, Maharastra, Goa166

Keti delante de la estatua de Mahesamurti, las tres caras de Shiva.

 

Madha Pradesh, Maharastra, Goa32

Puerto en Colaba con la Puerta de la India

 

A India II65

Los sij son gente muy sociable.

 

6. Pench y el "Proyecto tigre"

 

 

Tag(s) : #Templos

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