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Madha Pradesh, Maharastra, Goa172

Casa-museo de Mahatma Gandhi. Bombay

 

Había en Malabar Hills un lugar escondido tras los árboles al que sólo tienen acceso, en vida, algunos miembros de la comunidad parsi. Antes de encontrarlo imaginas el sitio, lo acomodas a lo que conoces de otras religiones. Pero entonces no estaría tan escondido ¿Qué lo hace diferente? ¿Quizá que los zoroástricos dejan sus muertos a la intemperie para que sirvan de carroña a los buitres? En los jardines de alrededor, no se veían buitres; de hecho no había más animales que los recortados en setos de boj.

-En Bombay quedan ya pocos buitres –dijo Hari-. Con esa cantidad resulta difícil mantener limpias de cadáveres las Torres del Silencio… La comunidad parsi ha comenzado a criar buitres en cautividad. Para ellos es importante que los cuatro elementos sagrados, agua, tierra, fuego y aire no sean contaminados con restos humanos.

 Era seguro que no podríamos acercarnos más de lo que estábamos. De todos modos, el paseo por los escabrosos senderos de Hagging Gardens y el brío con que Suresh empujaba la silla hicieron que una de las ruedas terminara por descuajeringarse. Así que Suresh se quedó sin trabajo para el resto del día… De nuevo en el monovolumen, le oí cantar por lo bajinis.

Al pasar por la carretera, al mirar entre los árboles y los arbustos, las ves. Allí están, semiocultas por el ramaje.

 

Aparte de los embolletamientos propios de una ciudad sin diseño que crece sin orden ni concierto -uno planta su casa en el primer sitio que ve libre-, está el asombroso respeto que tienen por las vacas. Sospechando su carácter sagrado, se pasean por el centro del asfalto con total impunidad; nadie osa molestarlas ni siquiera con un leve pitido; lo que no pasa con los peatones, que les ves sortear los coches como si  fueran forcados. Por eso cuando llegas a Kala Ghoda, con sus espléndidos edificios, Victoria Terminus, High Court, Walles Museum, la Universidad…, rodeados por amplios espacios verdes, galerías de arte, tiendas, restaurantes, te da la impresión de encontrarte en un escenario sobrepuesto, entre eduardino, neoclásico y victoriano, que nada tiene que ver con el ambiente desordenado que acabas de dejar atrás. Es el legado positivo de la era colonial. Aunque la estatua de Eduardo VII de Inglaterra ya no está; sería absurdo que siguiera en su lugar, en una calle que lleva el nombre de Mahatma Gandhi. (En su casa museo, en una tranquila y elegante calle cercana a Malabar Hill, se encuentran suficientes testimonios de vida que revocan la afirmación que, tiempo atrás, había leído en un libro de viajes sobre que Gandhi, en su etapa africana, coincidía con los colonialistas ingleses en considerar a los negros seres inferiores, incapaces de autogobernarse).

 

A costa de saltarnos la comida, Hari pudo finalizar tres horas antes su jornada de trabajo ¡Qué guía más liante! Nos dejó en el Mercado de los Ladrones – el nombre le viene de otra época anterior- donde cambiamos dólares por rupias con que pagar a Suresh. Con la mano extendida, aceptaba los billetes que Alonso iba contando (ya dije que Suesh no sabía contar) sin el menor interés como si no fueran más que papeles de periódico que encuentras tirados por la calle. De vuelta a Colaba, el chófer nos comentó en tono cofidencial:

-El muchacho no vio tanto dinero en su vida, no sabrá qué hacer con tantas rupias… –el equivalente a hacer 20 veces el trayecto al aeropuerto en un ricksaw-. Hari se lo guardará. Se lo irá dando poco a poco.

“Ya... Como hizo con las samosas, una para ti, cinco para mí”, me dije apesadumbrada.

 

Esa tarde fue la primera vez que vi la Gateway of India. Fue desde las ventanas del restaurante del segundo piso del Taj Mahal Palace. Estaba mirando su cálido color miel, recortado entre el azul del mar y el cielo, rodeada de pequeñas embarcaciones, adentrándose en el puerto. Se construyó cuando el rey Jorje V de Inglaterra vino a visitar su colonia, la India, la joya de la corona británica. Y haciendo honor a su nombre, con ironía, por ella salieron las tropas inglesas en el 47 cuando el país consiguió su independencia. Está flanqueada por suntuosos edificios en los que los ingleses sólo dejaban entrar a los blancos. El señorial Taj Mahal Palace fue una excepción a esa norma. Lo construyó un parsi adinerado porque le habían negado la entrada al que, entonces -principios del siglo XX-, era el mejor hotel de Bombay. Aquel hotel de lujo hoy está en ruinas mientras que el Taj Mahal Palace es uno de los mejores hoteles de Asia; otra ironía..., como la de su vecina Gateway of India.

A India II73

Gateway of India

 

Madha Pradesh, Maharastra, Goa39

Hotel Taj Mahal Palace

 

A India II71

En Kala Ghota, edificios de la época colonial. Aquí High Court.

 

A India II76

Dhobi Ghats, lavaderos de ropa repartidos por Bombay (sólo hombres y de esta casta)

 

A India II72

Walles Museum, más interesante el continente que el contenido

 

5. Los tres rostros de Shiva. Ida y vuelta a Elephanta Island.

Tag(s) : #Reivindicativo

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