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El despertador sonó en vano; ni fuerzas tenía para apagarlo. Recordé la noche anterior cuando bien avanzada la madrugada una invasión sigilosa de luces blancas ocupó el espacio sobre nuestras cabezas. Desde todos los rincones de la bahía surgieron sin cesar infinidad de globos blancos con llamas encendidas en su interior. Era como una procesión de almas en pena abandonando la tierra. Permanecimos sentados en la arena de la playa hasta que la luz del último globo chino se extinguió en la oscuridad de la noche, la mágica noche del 31 de diciembre.

 

Dedicaríamos la mañana a recorrer el lago.

Paseamos por la hierba mullida y bien cortada hasta tomar un sendero con baranda que llegaba hasta el pequeño embarcadero. El tañido de la campana de bronce que colgaba del techo nos avisó de la inminente partida de la barcaza. Deslizándose con suavidad cerca de la orilla de la Laguna, por donde cicas, palmeras, palmitos y kentias encontraban su espacio entre purpúreas buganvillas y floridos hibiscos y  rododendros, la embarcación nos acercó hasta la primera parada: <<Laguna Village>>, anunció el serviola.

Resultó ser un minúsculo pueblo de una sola calle que se transformaba en plaza y en la que cada casa era una pequeña tienda; dos de ellas de Jim Thompson, el famoso arquitecto estadounidense que fundó la Compañía de Seda Tailandesa.  La vida de este hombre está rodeada de misterio: Siendo director de la agencia precursora de la CIA en Bangkok fue destituido durante la II Guerra Mundial. Posteriormente, cuando la sericultura estaba a punto de desaparecer de Tailandia -a pesar de ser más antigua que la china-, levantó la industria de la seda tailandesa haciéndola famosa en todo el mundo. Cuentan que en 1967, con sus empresas en pleno auge, fue a Malasia. Allí desapareció y no se volvió a saber nada de él. Además de una casa museo en Bangkok tiene tiendas repartidas por todo el país. Aunque sus precios suelen estar en consonancia con su calidad tuvimos la suerte de que, en aquella ocasión, estaban de rebajas. 

Pero en Laguna Village no había maum sam liam, una pieza básica del mobiliario tradicional tailandés que yo codiciaba. Aunque sería un recuerdo de considerable tamaño, ello no constituía mayor impedimento al encontrarnos en el tramo final del viaje.  <<Quizá lo encuentre en Patong –dijeron-. O en Phuket-town>>.

La ciudad de Phuket no ofrecía ningún atractivo especial; me causó la impresión de una ciudad provisional: casas sin gracia, comercios vulgares cuya mercancía anodina estaba más pensada para la gente de pueblo que para los turistas. Precisamente por eso encontré lo que buscaba, dos preciosos maum sam liam en brillantes colores fucsia, rojo, malva y amarillo; los colores de Tailandia.


El taxista que contratáramos en Hat Ban Tao insistió en hacer una parada en una <<tienda muy buena>>, Gems & Gallery, sin tener que alejarnos de la ruta. Accedimos. Abundaban las perlas de Phuket blancas, negras, grises, con irisaciones coloreadas, impolutas o con alguna imperfección; las de gran tamaño pero carentes de brillo, enriquecidas con profusión de brillantes, eran las preferidas de las matronas rusas que despreciaban las más pequeñas aunque fuesen perfectas. Los precios eran más altos que los de la misma cadena en Bangkok o Chiang Mai y mi regateo no conseguía cambiar significativamente los precios (sería porque la dependienta que me atendió se percató de mi interés por lo que no llegamos a un acuerdo. Afortunadamente no estaba cuando volví al día siguiente).


De vuelta a Hat Ban Tao, por la carretera que bordea la costa, nos detuvimos en  Patong. En esa playa pasaban la última etapa de su viaje la pareja de Badalona que conocimos en Ko…; Montse, era el nombre de ella. Desencantada con el sitio -al que llamaba “Putong” en honor al asedio que sufría su Jordi (menudo, con gafas, y  permanente cara de cabreo) cada vez que salía con él del hotel-, rememoraba su plácida luna de miel en Polinesia.
De Patong me quedó el recuerdo del desbocado mercado de su paseo marítimo, con infinidad de tiendas y tenderetes de ropa, calzado, gafas, maletas, imitaciones de todo tipo, artesanía (¿artesanía?), y más de lo mismo, bis, bis, bis…

¡Como cansa el mercadeo, por Dios! ¡Volvamos a la playa!


Bah-as-y-playas-de-Tailandia12.jpg

 

 

42. Desparecer

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Tag(s) : #Compras

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