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Seychelles Keti 2-3 080 Vista Web grande


Separadas de África por el Océano Índico y de América por el Pacífico, las playas de Australia, con su amplio repertorio de olas perfectas, son las más  apropiadas para el surf. Lo benévolo del clima a lo largo de todo el año hace que acudan a ellas gentes de todas partes del mundo.

El día era caluroso pero no en exceso, y no se puede ir uno de Sydney sin conocer Bondy y Manly, sus playas más famosas. Eran amplias y estaban muy  limpias, pero tan ventosas que podían llevarse cualquier cosa que anduviera suelta. Y para proseguir en aceptable armonía, y sin sobresaltos, la cautelosa convivencia que mantengo con mi asma tardía las playas ventosas no son las más adecuadas.

Aunque mi mala relación con Eolo ya viene de antiguo.

Recuerdo haberme rebelado, inútilmente, contra el incesante viento que soplaba por calles y plazas de la ciudad de mi adolescencia. Es cierto que mantenía la ciudad limpia de hojas y papeles, pero también se metía bajo la falda del uniforme levantándola al aire con alborozo de los chicos y exasperación nuestra. ¿Y qué decir de la melena bien peinada antes de salir de casa, convertida en un enmarañado remolino al poner un pie fuera del portal?; todo un drama a los trece años.

Eolo sigue siendo amo y tormento de mi ciudad en los días de verano. Con sus alocadas ráfagas tan pronto limpia el cielo de nubes como, amontonando unas sobre otras, impide al sol iluminar nuestras playas norteñas. Afortunadamente, tenemos una en pleno centro, y los vecinos, en rápidas escapadas, consiguen broncearse antes de que vuelva el invierno.

Por motivos bien distintos, ligados al paso de los años, Eolo sigue siendo mi más pertinaz enemigo. Y viendo que las playas australianas eran territorio suyo, puse toda mi confianza en que las polinesias tuviesen un Patrono distinto.

Sin embargo, aquellas largas playas batidas por el viento, eran las más idóneas para la práctica del surf.

Numerosos grupos de  jóvenes atléticos, dorados por el sol y la brisa, fuertes y sanos, con los músculos tensos y los nervios bien templados, se preparaban para disfrutar de su deporte favorito. Cuando los veía avanzar mar adentro, al acecho, al encuentro de su ola, una buena ola, se me asimilaban a jóvenes héroes homéricos protegidos de las diosas y envidiados por los dioses. Al llegar la elegida, penetraban en sus entrañas buscando su punto débil. Tan hábiles como delfines, tan astutos como Odiseo, la domaban, la utilizaban; la convertían en su esclava hasta que la ola se deshacía por dentro, moribunda. Otras veces se deslizaban sobre ella como aurigas triunfadores, espíritus incorpóreos de guerreros de Neptuno. Navegaban por el interior de su  corazón vacío o cabalgaban sobre su blanca cresta desafiando las leyes de la gravedad y el equilibrio. Viéndolos, a punto estuve de reconciliarme con Eolo.

Está visto que los dioses en sí no son buenos ni malos, todo depende de la condición humana.

Seychelles Keti 2-3 026 Vista Web grande


21. El caro ópalo australiano y cuentos de cocodrilos

   

   
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Tag(s) : #Naturaleza

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