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Madha Pradesh, Maharastra, Goa34

Haji Ali Mosque

 

¡Cuánto me había costado organizar este viaje! ¡Meses de incertidumbre por si la administración india reabriría o no los Parques Nacionales para la Protección del Tigre! ¡Cuántos  mensajes intercambiados para elaborar el programa definitivo que incluiría safaris, playas y templos! ¡La experiencia prometía ser lo suficientemente emocionante! Y ahora en Bombay, las visitas a los templos cada uno de los cuales era un júbilo en sí mismo, cada uno la entrada al caudal de sentimientos tan íntimos e intensos, el guía, un hindú que tuvo la descortesía de no disculparse por los cuarenta minutos de retraso, puso tal cantidad de impedimentos a las visitas programadas que viéndole ya agotado, antes de empezar, me dieron ganas de mandarlo a su casa para que descansara:

En el templo de Mumbadevi, el más importante lugar de peregrinación de hindúes, dedicado a la diosa patrona de los koli, los pescadores de las primitivas siete islas, “Hay un millón de personas para visitarlo; kilómetros de cola”. A los emblemáticos templos del jainismo, que desarrolló la investigación de las matemáticas en India, donde los monjes digambara como símbolo de desapego ofician completamente desnudos, “No dejan entrar a los no creyentes. El año tal, pusieron una bomba y el Gobierno tuvo que indemnizar a los extranjeros”. De la mezquita Haji Ali no puso la principal objeción porque coincidía que había marea baja. Sin embargo también mintió, “Hay que andar 15 kilómetros desde el aparcamiento…”. Y así siguió… Con cada templo. Destacando las dificultades sin dar solución a nada. Incluso de las cuevas-templo consagradas a Siva de Isla Elephanta ocultó que hay sillas de mano con las que decenas de culis ayudan a ancianos enfermos o lesionados a salvar los ciento y pico escalones que hay hasta la entrada.

El fondo de la cuestión era quién iba a empujar  la silla de ruedas puesta a disposición de Alonso (tenía molestias en un pie. Pero ya estaban advertidos meses antes). Al fin concretó: “Demasiado trabajo para el chófer. Y usted no aguantaría… –Por supuesto, estaba dando por descontado que él no lo haría, era del todo imposible pues no era un culi, pertenecía a una casta superior-: Aunque el gobierno indio prohíbe la diferencia de castas, hay cosas que un hindú no se permite, ni siquiera en Bombay y…” Bueno… No estaba dispuesta a escucharle ni un minuto más de lo necesario. Así que me fui en busca de Alonso (había vuelto a la habitación al ver que el guía se retrasaba).

 

Iniciamos la visita a Bombay con otro talante, “Comprenda, Bombay es una ciudad desagradable para visitar… -dijo enseñándome sus dientes de sierra, incapaces de disimular su falta de empatía-. Si contrataran a un culi para todo el día podrían hacer las visitas programadas. Pero sale muy caro…”. Naturalmente, lo caro no era contratar a un pobre culi, que recibiría la décima parte de lo acordado, si no depender de un ser mentiroso, avaricioso y vago que hacía de intermediario y que lo único bueno que hizo fue desparecer al tercer día. Hasta entonces nos atormentó con sus enredos, engaños y ocultaciones para después arreglarlo en parte ofreciendo momentáneos alivios con el ímpetu de la sanguijuela.

 

En cuanto al culi no era un hombre fornido acostumbrado a empujar carros o acarrear pesados fardos, era un adolescente desnutrido que negando con la cabeza (lo que en la India quiere decir sí) y como no hilvanaba dos frases seguidas, canturreaba un estribillo en gujaratí  para demostrar su contento.


A India II62

Cueva-Templo de Elephanta

 

3. Mira y verás los dos Bombay

 


Tag(s) : #Templos

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