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La ciudad italiana de Matera es el polo opuesto de las coloridas y alegres ciudades costeras del sur de Italia. Matera es gris, como lo es la piedra de toba calcárea de las paredes del desfiladero sobre las que se asienta. A simple vista parecen las catacumbas puestas al descubierto. Y es que esta ciudad es un cúmulo de cuevas naturales o excavadas en la roca habilitadas como viviendas, iglesias y monasterios; cuevas unas sobre otras; calles que se abren hacia arriba y abajo y sobre las propias casas-cueva.

 

Habitada ya desde el Neolítico, "vergüenza de Italia" en los años 50, y hoy capital europea de la cultura 2019, Matera mantiene sus Sassi (barrios casas-cueva) en estado de revisión debido a las estrictas restricciones sobre su mantenimiento y salubridad.

En la zona alta, moderna, cada dos bellos edificios, uno es un monasterio. Una ciudad sorprendente Matera.

 Casas-cueva, unas sobre otras, de los antiguos barrios Sassi.

Además de casas-cueva también hay palacios como el Tramontano en lo alto de la ciudad o

o el palacio de Sedile.

Desde la época del Borbón los habitantes debieron abandonar las casas-cueva debido a su insalubridad.

 En un espacio reducido y mal ventilado, se convivía con los animales.

 Pasaron entonces a habitar la zona moderna

en lo alto de la ciudad.

Abundan las iglesias rupestres en las que todavía pueden apreciarse restos de los frescos en techos y  paredes.

 Palombaro Lungo, la cisterna más grande de la ciudad excavada bajo la céntrica plaza de Vittorio Veneto.

Escultura de Dalí frente a la Iglesia barroca de San Francisco de Asís (s. XVI).

En lo alto, excavada en la roca, la Iglesia de Santa María de Idris.

 La Catedral románica de la Madonna de la Bruna y de San Eustaquio (s.XIII) dominando la ciudad desde lo alto.

Montenegro

Lo cierto es que visitar este país no estaba en mis prioridades viajeras y sin embargo algo me decía que podía ser como cuando no esperas nada especial de una amistad ocasional pero a medida que la vas tratando, vas descubriendo que, con sus palabras y pequeños detalles, las horas en su compañía se te pasan volando. Pues algo así podía suceder con Montenegro. De hecho así fue hasta el punto de prolongar la visita con riesgo de perder el barco. Todo empezó cuando nos adentrábamos en las azules y tranquilas aguas de sus fiordos, bahías protegidas por altas montañas pobladas de cipreses y sembradas, como a voleo, de agujas de torres de iglesias o monasterios. Mi curiosidad, que iba en aumento, fue recompensada a medida que aparecían  pequeñas y ordenadas ciudades de aspecto medieval instaladas en una estrecha franja entre el mar y la montaña.

Y llegamos a la romántica Perast, con sus misteriosos islotes de enfrente, Svet Dorde y Gospa Od Skrpejela (Monasterio de S. Jorge e Iglesia de la Virgen de las Rocas); y a la antigua Budwa con el agua de la playa a 27 grados; saboreamos las ostras del Adriático frente a Sveti Stefan y su exclusiva playa privada...; y por último Kotor, en la bahía del mismo nombre, arrebujada frente al mar al pie de las montañas. Pasear por sus estrechas calles empedradas entre edificios que recuerdan su época veneciana o dejar pasar el tiempo en una de sus pequeñas plazas, tranquilas y recogidas como nidos de pájaro, fue el cierre ideal de un descubrimiento: la serena belleza de un lugar pequeño: Montenegro.

 

 

 Perast

Perast

Perast 

Perast 

 

Los dos islotes frente a Perast

 En uno, se sitúa el monasterio Svet Dorde que no se puede visitar 

En el otro, el islote artificial isla Gospa Od Skrepjela, Nuestra Señora de las Rocas,

que se construyó para levantar una iglesia dedicada a la Virgen

por este cuadro que  encontró un hombre en una roca. 

  ¡Esta roca! detrás del altar, no visible para los visitantes.

Pinturas en techo de Tripo Kokolaecho.

Las paredes de la iglesia tienen más de doscientas monedas de plata donadas por los marineros.

Este es el bordado que en 1828 Jacinta Kunic-Mijovic bordó utilizando además de hilos de seda y plata, sus propios cabellos. Se ve cómo el color del cabello va virando de abajo arriba según la autora encanecía a medida que pasaban los 25 años que dedicó al bordado esperando la vuelta de su marido.

Keti delante de la iglesia de Nuestra Señora de las Rocas

  Recogidas playas de arena blanca y aguas tranquilas de las bahías montenegrinas en el mar Adriático.

Budwa (s. V) pasó de isla a península por efecto de las olas. Formó parte de Iliria, fue bizantina, romana, de Serbia, de Turquía, Venecia o Austria.

Sveti Srefan, islote-hotel con playa privada.

 Preciosa y variada la costa montenegrina al tiempo que con altas montañas.

Además de playas, sus fiordos están plagados de iglesias y monasterios

 En la bahía de Kotor se encuentra la ciudad del mismo nombre.

 La ciudad se ha ido haciendo sitio entre las apacibles aguas de la bahía y las altas montañas a su espalda.

 Sito con Nikolas en un tranquilo recorrido por las calles de Kotor hacia la Piazza Greca.

Algunas ventanas recuerdan la época en que formó parte de la República veneciana.

 Catedral de Sv. Tripun construída en 1166 y reconstruída tras los terremotos del s. XVI, XVII y xx.

 Acogedoras calles de Kotor.

 

 Plazas recoletas

AIglesia de Sv. Luka (s. xII), ejemplo de armonía entre las religiones hasta el punto de tener dos altares, católico y ortodoxo. 

 Ciudad coqueta, Kotor.

Arcos para paliar el efecto de los terremotos.  

 Hay calles tan estrechas que los hombros tocan las paredes opuestas a la vez.

 Es costumbre colgar la ropa en la ventana

 

 

 

 

Los gatos son muy apreciados, incluso hay un museo

 dedicado al gato...  

 

 

La montaña parece querer proteger la ciudad. Pero el mar... 

No puedo evitar pensar en el calentamiento global y el efecto de la subida del nivel del mar en poblaciones costeras como esta. Es de esperar que los gobernantes, los poderosos de este mundo global, sepan y quieran poner pronta solución. 

Sarande, ciudad costera del sur de Albania con una cómoda playa urbana, cercana a las ruinas greco romanas de Butrint y al río Bistrice con su enigmático Ojo Azul.

 

Ruinas de Butrint en donde 

se encuentra este teatro griego

  reconstruído por los romanos

 Baptisterio paleocristiano

  época bizantina.

 

 Encantador paraje del río Bistrice 

que desemboca en el mar Jónico, con su famoso

 Ojo Azul, manantial a más de 50 metros de profundidad bajo el nivel del agua y un peligroso atractivo  

para buceadores curiosos, aunque el baño no está permitido.

 Bahía al sur del país, a poca distancia de la isla griega de Corfú

Ciudad de Sarande con playas de aguas tranquilas.

Antigua fortaleza de las torres de Gjirokaster

 

 desde donde se tienen bonitas vistas de la ciudad  

por su situación en lo alto.

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