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En un lugar pedregoso del desierto de Namibia, donde las aristas afiladas de las rocas volcánicas cubren la tierra con avaricia presentando cara desde hace miles de años a los fuertes vientos, un grupo de personas de la zona, al cargo de una pequeña formación permanente de apenas una decena de tiendas de campaña, te recibe con cánticos ancestrales con la promesa de acercarte al territorio del rinoceronte negro y también al del blanco. Estamos en el Wilderness Desert Rhino Camp.

Hace años, Alonso y yo tuvimos la suerte de verlos en otras partes de África como Kenya, pero últimamente se le considera una especie en extinción. Ello es debido a que el poder (supuestamente) afrodisíaco que dan a su cuerno hace que en determinados países asiáticos adquiera una cotización muy elevada. En consecuencia, lo matan para hacerse con su "valiosísimo cuerno". A sabiendas de esto no podía imaginarme la razón por la que los rinos de este vasto territorio que ahora visitábamos se mantenían a salvo, en total libertad, del ataque de cazadores furtivos.

Fue al día siguiente de la llegada. Nos habíamos alejado tantos kilómetros del campamento, que dudaba si nos llegarían todas las horas del día para volver. En aquella travesía por el desierto de piedras rojizas como de hierro, tropezamos con una preciosa jirafa que tras una mirada entre curiosa y despectiva se reunió con su vástago, tan estirado y elegante como ella. Más adelante, un elefante salió de la nada directo al morro de otro vehículo que se hallaba parado, paseó la  trompa por el parachoques y el parabrisas, observó con detenimiento a los  ocupantes y, finalmente, como habiendo decidido que aquel "animal" era inofensivo, llamó al resto de la manada y juntos siguieron su camino. No lejos de allí, el guía nos invitó a bajar.

-Ahora seguiremos andando-dijo. Y señaló un punto a lo lejos.

Anduvimos en la dirección indicada hasta que pudimos distinguirlos: Un rinoceronte negro y su cría. Ambos se hallaban juntos, apostados al lado de unos matorrales. Durante tdo el tiempo que permanecimos allí, apenas se movieron, permanecían atentos mirando en nuestra dirección, observando nuestros movimientos. Avanzamos hacia ellos unos metros hasta la distancia que el guía consideró prudencial. Y entonces lo comprendí. Comprendí la razón por la que estos rinocerontes podían moverse en total libertad a salvo de cazadores furtivos buscadores del valioso cuerno de rinoceronte. Ya nadie los mataría para arrebatárselo. El valioso cuerno ya les había sido cortado. Sí, pero ellos seguían vivos.

La noche nos sorprendió en el camino de vuelta al Camp tomando un aperitivo. Hacía frío.  

 

IMÁGENES DEL PRIMER DÍA EN RHINO CAMP.

 

En mitad de este desierto, El Wilderness Desert Rhino Camp, un lodge de sencillas tiendas...

...con detalles acogedores,...

... sanitarios de cobre reluciente y...

...empleados que no dejan de sorprenderte con sus cánticos, bailes y ...

...su buen hacer.

... De camino en busca de rinocerontes, nos topamos con este elefante que curiosea trompeando el morro de este jeep...

...al no encontrar nada interesnte, llama a la manada y se va.

...Preciosa cria de jirafa.

Pronto aparece la madre, que...

...la llama y...

...ambas se van siguiendo su camino.

...Al fin! Rhino a la vista!

 

No nos quitan la vista de encima.

De vuelta, camino del lodge, hacemos una parada. para recuperar fuerzas

.... y combatir el frío.

 

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Tag(s) : #En hoteles singulares - con anécdota, #Naturaleza, #Safari, #relatos
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