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En la ciudad de Casablanca, en uno de los extremos de una pequeña bahía del litoral atlántico marroquí, se levanta la mezquita de Hassan II con un minarete, dicen, es el más alto del mundo. Al contrario que en otras mezquitas, los no musulmanes podemos acceder a su interior, y si el cielo está despejado, observar las estrellas a través del techo artesonado que se abre completamente.

En el otro extremo, y casi tan blanco como el mármol de la mezquita, brilla, al sol, un solitario faro en cuyas cercanías, ajenos al embrujo escénico de las dos torres enfrentadas, unos pescadores vigilan desde el malecón el sedal de sus cañas, apuntaladas entre las piedras, mientras otros, más osados, se atreven a bajar a las rocas y, sorteando el oleaje, buscar en los recovecos algún que otro percebe ya criado.

No muy lejos, en la Corniche, abundan estupendos restaurantes donde poder saborear pescado fresco, varias clases de marisco y las deliciosas ostras  de Oualidia. Y para una cena típica, en un elegante a la vez que desenfadado ambiente oriental, con un trío de excelentes músicos y una bailarina de danza del vientre, el restaurante marroquí del Hotel Sheraton (no soy adicta a esta cadena de hoteles por lo sucedido en Alepo, que ya conté aquí en el blog, pero éste, además de bien situado, tiene un servicio impecable). Eso sí, si pedís cuscús que sepáis que podría quitar el hambre a cuatro hambrientos con buen saque.

Tan blanca como la Mezquita de Hassan II, pero revestida de materiales más modestos, es la catedral del Sacré Coeur (de la época colonial francesa 1912-1956). Al contrario que la mezquita, no está dedicada al culto religioso sino a exposiciones y otros actos culturales.

De la famosa película "Casalanca" no hay nada de nada, incluso el que presume de ser el famoso café, es falso. Lo que sí es cierto es lo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial cuando la famosa reunión entre Churchil y Roosvelt en la que  se decidiría el lugar y la fecha de la invasión a través del Canal de La Mancha. Parte del éxito se debió a que los espias alemanes se confundieron y creyeron que la reunión sería en la Casa Blanca y no en Casablanca.

 

Marruecos. Casablanca, un nombre evocador para una ciudad que no decepciona
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